Sólo hazlo.

Fui a distribuir Nadas en Valencia la semana pasada y en una de las tiendas dejé el mostrador y a un tendero amigo ocupado. Además, para organizarme y reponer casi tapé la puerta de entrada vaciando el carro en el que llevaba los fanzines. Hacía calor y como me estoy (estaba) dejando el pelo largo, más. Sentí que estaba molestando a todo el mundo bloqueando indirectamente hasta la caja registradora. Angustiado y sudado de mí, un joven heavy en coleta se quedó mirando al lado de quien me atendía, apoyado en la pared con las manos en la espalda. Ah, bien. Un nuevo tendero, pensé, uno para los meses de verano. Le saludo cordialmente y me devuelve un Hola frío y seco, de empalador de nazarenos nórdico y post adolescente. No le presto más atención. Tenía cosas que hacer. Pero como repongo y liquido en Valencia cada seis meses no le tengo pillado el pulso al protocolo. Iba de espiral en espiral. Mi chica, que me acompañó amablemente, puso orden en mí bromeando casi a mi costa. Ok, ok. Por fin, cuando me centro y estoy terminando, el joven tendero desaparece. Si bien, chico duro, desconocido espectador, seas tendero o no, puedes meterte todo lo que viste en el culo.

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