Esteban Hernández

Esteban Hernández

Cómic · Ilustración · Etcétera

Ocio hostelero (X)

31 de Diciembre, Ciudad real.

En mi penúltimo día de vacaciones me pasé por el forro de los huevos las buenas artes de no salir a la calle ni pisar el centro de la ciudad. Lo hice, además, ay, en medio de las cañitas del último día del año. Yo no bebo pero quise un café con mi chica y buscando donde tomarlo entramos a un local atestado. Uno en el que habían colocado más mesas de las habituales, por encima de lo razonable, para exprimirle más dinero a la fiesta. A la mierda lo cualitativo, de nuevo.

Desde el quicio de la puerta, mirando, de tan disparate decidimos irnos. Girando sobre mi eje alguien llamó mi atención con un grito corto de pastor: Un conocido con quien coincidí el día anterior en la calle me saludaba. Correspondido, como quien llama a un limpiabotas, pidió con un gesto que me aproximara.

Al igual que en origen no debía haber salido de casa, sabía que mejor no atravesar el bar, pero no me hice caso. Así, un hola desde lo cordial y lo educado, y todo bien entre nosotros, la verdad. A su lado, Zazuel. Por quién me siento a escribir.

Hacía 15 años que no lo veía. Zazuel es un casi artesano local hoy sexagenario que por donde está el nivel de flotación comarcal de calidad y contenido pasa por artista. De ningún talento creativo para cualquier arte aplicada, cuando tratábamos tenía desatendido, además, todo rudimento básico del dibujo. Perspectiva, proporción, composición o etc. A golpe de traje del rey, a causa de vivir hasta los 40 con papá y mamá, es decir, disponiendo de una amplia nave industrial para producir grandes formatos sin apenas demanda y dando fiestas a placer, Zazuel se había atornillado al culo entre los que le tratábamos la silla de respetado artista local. De humildad pasivo-agresiva, todo curro que le entraba era afluente de una profesora de escuela de artes que, desleal, aprovechaba la autoridad del centro público donde funcionariaba para abastecerse de clientes. En éstas, lo que la maestra se sacaba con la punta del palillo de la muela cariada, se lo daba a Zazuel.

Zazuel compraba docenas de CDs todos los meses y con un criterio musical a base de dejarse un dineral en discos antes del buen internet (de que todo sello nacional e internacional catalogara online qué ofrece), compiló en casa una indecible colección de asusta palomas. También era DJ, claro, y de aquellos polvos, del conjunto, jugando siempre en casa, hacía barricada y arma arrojadiza moral para autoproclamarse principado del buen gusto contra todos. Conseguía así un respeto endogámico y circuitado al que con su talento nunca alcanzaba. En lo humano buscaba o reía por sistema, incansable, toda torpeza ajena para llevar la sabia razón o decir la última palabra, y claro, estaba solateras. Nunca entonces lo amable, y en lo educado, el otro día, cantó bingo.

Me acerqué a quien quiso resaludarme y como entre los de aquella mesa allí habíamos compartido al que en mi Hernán Esteve es Juan, por conocerlos a ellos entonces, pese a todo, digo, saludo a Zazuel. Tras un hola cortés y estrecharnos las manos blandas, por toda dialéctica entre ambos quiso contra mi esa cierta y fétida retórica del zasca. A mi interlocutor, preguntándome qué tal o a donde voy, le comenté que buscábamos una cafetería y al «pero…» que dejé en suspenso a continuación señalando a mi alrededor, aquel tóxico, espontáneo, espetó desde el sarcasmo un «Ya has encontrado una». Por no tener calibrada qué tan idiota era aquella actitud, le atendí con un «Ya sabes a qué me refiero». Y abriendo la réplica al resto de la mesa, es decir, a mi interlocutor, su mujer y a una chica random allí, Zazuel levantó la voz para asegurar un «no, no te entiendo», eructando por último y sin mí una carcajada-sonda de complicidad entre los suyos.

En vista de que mi antiguo colega tampoco entendía nada, entre tanto desconcierto blablamos otro Qué tal o simplemente Qué frío hace, o más Adonde vas torpe e indefinido. Decidí obviarlo todo y le pregunté ninguneando al viejo trol: «Tío, llevamos muchos años migrados los dos de aquí, ¿tu sabes dónde hacerse un café en paz? ¿Hoy? ¿A estas horas? Creo que es imposible». Zazuel hablando en medio del volumen del local se retrató en HD con tres «No le digas nada, que se busque la vida».

Os juro que sigo sin entender. Me despedí y me fui. Menudo tarado.

CARTA ABIERTA

Para la base, quita la distor y a ver si bajamos el plugin de listo.
ZA!
Don autoleyendas

···

Durante los últimos días del pasado 2019, de entre la escombrera que explícita me despreciaba cuando puto estaba esquizofrénico en Ciudad Real, un random me escribió porque sí un largo correo en el que, a golpe de subtexto digno de Quique Camoiras, se faltaba gratis con mi madre y con mi padre fallecido aún hace pocos meses. En un segundo y también extenso correo, más subtexto, esta vez personal aunque casi ininteligible, y por desinformado, ridículo.

Hoy  aquí mi respuesta. Una carta abierta publicada que lo mismo estás  leyendo (o no) desde alguna cuenta falsa en redes, epistolado amigüito, que  dice:

···

Hola Miliki. Aquí Esteban. Por fin he podido sentarme a escribir como bien mereces. Espero no dejarme nada.

Primero, Neti Neti: ni, en tus palabras, turrón de chocolate ni zumo de tomate. Porque a ver si follas. Qué milongas cuentas del Fuentes, Hitchcock y de tu puta vida, chico. Y para qué, que no te enteras. Entre cómo te acorralas tú solo en lo social a placer en Ciudad Real y que con la justificada farmacia psiquiátrica que llevas en sangre acumulas semen, estás que no estás. Si tal, que no eyacules, a Dios gracias, aunque por diferentes motivos, nos pone a todos contentos contigo.

Ciudad Real se ríe de tu hambre. Medio lo he cotejado desde que abriste este melón. Así, respecto al subtexto en el pésame de tu primer mail, calculo que tu madre también estará al tanto o ha sabido bien -le deseo lo mejor- quién eres. Tu padre dio muchas muestras durante años de en qué tan buen escritor te adivinaba convertido. Después te han tocado la cara varias veces por bocazas y sigues sin verlo. Vaya laureles.

Crees ser un problema si tiras de la manta desde que currabas de auxiliar en los juzgados pero toda la info que manejas después de tanto lustro está prescrita, aguada o es anécdota. Por todo lo demás, aunque también en relación, al viril paisano de la moto que comentas mándale una copia de mi Hernán Esteve. Al paso te lo lees si quieres, me da igual. Pero dime, ¿me has escrito a cuento de la última vez que nos cruzamos?

Aún hoy eres un caricato. La policía te dejaba ejercer de loco vendiendo fanzines en la calle, mendigando lectores. Y tampoco lo veías. Te consentían, Don Batman, y jodó, juntaletras: Un logro, uno de tus hits, es que te cruja Sánchez Dragó en un concurso. ¿Dónde cojones tienes la línea de flotación? LOL.

Como te quiten la paguilla que cobras por superdotado harás la mili otra vez. Aquella. Entre tanto, pase lo que pase, recuerda que mereces desde el rigor la basura que crees ser en todas las bajonas que te inundan, seguro, a menudo. Y para cuando corresponda, la cuchilla por la muñeca en paralelo al brazo, no en perpendicular. ¿Vale? De nada.

Regalías seleccionadas

Avanzo lento pero inexorable hacia un calado y muy permanente aprehender que cualquiera, sí puede poder, desde donde sea que lo ejerza, lo pelea pisando prójimos. Próximos. Y todavia peor, desde la pura inercia. Desde la irreflexión. Desde la velocidad y lo asertivo.


Que un entorno decida que eres un parguela posibilita, extirpado el ego, cualquier maniobra silenciosa y pacífica para el propio sosiego, u otras abrasivas, estrategas y casi invisibles contra lo adverso.


Hay reglas de virtud que es imposible obedecer. Creo que hay llamados para diferentes misiones, pero que no practique, por ejemplo, las de San Benito, o no me vea practicándolas ni habiéndome aproximado jamás, no me pone en mal lugar. Este, un lugar, que creo es rebote de la invencible imperfección moral y una perfecta autopista para la culpa. Así, toda obediencia me ulcera porque la pide el clero, no lo Santo. Si encontrara alguno a quien seguir, si diera en mi vida con alguien de extrema virtud, imperfecto, pero completa y permanentemente enfocado, le obedecería a ciegas. De hecho, hace muchos años, un amigo cabal y más duro que yo escribió en su blog lo mismo. Se preguntaba sin ego, ya no a quién entregarle las propias armas, que también, sino por quién dejarse matar con ellas. Asesinado por un Santo. Quien será el/la más grácil, qué alma, que desde toda la confianza depositada y merecida en su ética, asesine a mi amigo y me ordene en la fe. Algo así.


Uno en su mente rinde cuentas al espectro de un tercero. Al de alguien que, según el propio historial, nos embosca el pensamiento cuando éste cobra autonomía: cuando no es guiado. Qué malas son las propias potencias cuando las desatendemos, cuando no las vigilamos.


Lo soy y hoy me lo gritaron. La palabra idiota proviene del griego para referirse a aquel que no se ocupaba de los asuntos públicos. Quien dice todos, pueblo o españoles sólo esta arrimando el ascua a su sardina, y a quienes dicen yo en profundidad, el último, es decir, lo contrario, el común, a esos los exilian. Aún iniciado en estos mimbres, el careta y juez de esta noche no supo responderme -porque no hay cómo- a por dónde casan sus muchas disciplinas espirituales, su recreo, con la especulación bursátil, su oficio. Y ladró.

Adiós Risperdal

LA PIEZA:

 

LA MEMORIA:

En la letra crucé fragmentos del prospecto de una caja de Risperdal, medicación que llevo comiendo 20 años. Esta pieza podría ser nuestro regalo de aniversario y una futura carta de despedida. Además fue parte del CD recopilatorio del segundo número del fanzine Ftalatos, donde Alberto Serrano compiló a un montón de músicos diletantes que no te acabas ni apartando el pan y las patatas.