Esteban Hernández

Cómic · Ilustración · Etcétera

Ocio hostelero (IX)

Hoy. Hace menos de una hora. Quedé con un buen amigo que bebió vermut deprisa y me dejó con el ánimo de una caña más. Decidí ir solo y todavía sobrio adonde soy bienvenido en el barrio. Ocio hostelero.

Allí, en la puerta, otro amigo sin cena en la barriga, bebiendo desde hacía horas, desfallecía ante mí como un adolescente. Le hago la cobertura porque aunque pedo, siempre ha sido buena compañía y un baterista formidable. Allí bien, juntos, hasta que un tercero entre lo white trash y lo Amish se cuela en nuestra charla y se hace pasar por amigo de mi colega, para quien, a su vez, a sus ojos parecía conocido mío y a quien tolerarle las gracias por educación.

Cuando éste se hace con el monopolio de mi atención en nombre del respeto por mi colega, entre saltitos y carismas hace que mi compañero por sí mismo encuentre hueco para largarse y dos chicas se acerquen adonde estamos. Treinta y cuarenta años respectivamente. Cuando me doy cuenta de que él no es quien le asigné ser, la más joven de ellas y yo llevamos hablando a gusto un rato. Lo suficiente como para acordarme de lo mucho que amo a mi chica, como para hablarle de ella. Lo dejo pasar, me habla de sus grupos de noise en Barcelona y desde mi dejar al otro que ocurra ella simpatiza y se explica. Así, mi estar a gusto escuchando a desconocidos. No hay más. No calculo ningún orgasmo. No me interesa. Y en medio de su relato, de quien no recuerdo el nombre, viene cordial y carismático don Amish y me pregunta en secreto un cómo estás.

Le consteto generoso, más allá del estandar, jugando a que si fuera la EGB estaría en un siete. Que me encuentro en una especie de notable bajo con el animo de expresar que a gusto, porque, aunque no se lo digo, el sobresaliente jamás, nunca en la eternidad, estará en ningún bar entre borrachos.

El amish se gira a mi interlocutora y le dice, a ella, ojo aquí, que he decidido ponerle un siete. A ella. Yo no doy crédito. Yo no quise un numero para lo que estaba pasando. Y como no cabe el contrapunto después de la malavenida valentía, de valor, de precio, de nuestro comparsa, decido encajar el desencuentro en silencio. A la vez, en la distancia, poca, a ella le oigo el asombro y el desengaño todavía expresado con amabilidad acerca de nuestro trato mutuo.

El número no es para ti, le digo. Es para cómo estoy en mi fuero interno. Me ha preguntado a mi, no por ti. Pero nada. La musica alta, mi insustituible pareja en casa durmiendo, que no perdí de vista, el planeta girando y el ocio hostelero gobernandolo todo. A continuación y a lo pobre, ay, intento pedirle al bocachancla barbudo que le explique a quien corresponda que no quería ofender a nadie. Le pido al tonto que explique su maldad pero paro a tiempo. Y me digo, sea. Está bien. No le pidas sentido común a una polla dura.

Escapo a mear y pienso que menuda mierda hacer sentir mal a nadie, como si hubiera tenido voluntad de hacerlo, y paciente, cuando de regreso me paro en mi cerveza, se me ocurre apartarme aun más de donde mis tres desconocidos han decidido dejarme de lado. Beso mi copa cuatro veces más y todavía sosegado por fin me digo: Ok, ya esta. Es lo que calculabas encontrar viniendo solo. Un nuevo texto. Y ahora vete. Ella lo superará, no la conoces ni tienes responsabilidad alguna sobre su opinión acerca de quién habita los bares antes del cierre.

En el Riff de Radio Klara


Nueva entrevista. Nueva verborragia. El bueno de Santi Barrachina desde su Riff en el Café con vistas me convocó hace unos días. Esta vez no hablé de tebeos, lo hice de mis quehaceres musiquistas. De Moneda. Me siento muy agradecido. La entrevista expresa, creo que suscita. Hoy, quizá tarde, desde aquí, un pie de página: cuando hablo en dos ocasiones de la madera y del arbol en la experiencia de hacer musica, me refiero a cualquier baqueta con las que se golpea una batería. Con las que se toca, de contacto. Además: cuando abundo sobre el camal del pantalón en mi pierna mientras tanto, me refiero a notar el tacto en ella o en cualquier otra parte del cuerpo mientras (a la vez) que hago música. Atender a lo postural, a la respiración, a qué está pasando mientras toco y no solo cegarme con los recursos que estudié o, ni mucho menos, jamás, emborracharme con el sentimiento de lo que va sonando.

De la distracción y el Don

Según sé de prestado, relato genera relato. Todo lo que queda fuera, todo lo que no es texto suscita, desde donde ocurre, si hay voluntad de hacerla, una nueva ordenanza del mundo sea cual sea el lenguaje en el que hayamos decidido embutir al arcano de la otredad.

La experiencia de la nada, de ese afuera, del otro, de aquel lugar innominado, es lo originario porque está vacío. Luego aterrizada, traducida, sometida a lenguaje, por ejemplo, la tabla periódica de elementos es una explicación posible, una metáfora del universo como cualquier mito teológico o cualquier utopía política. Relatos de sentido que en origen encararon lo que para mí, demasiado humano y satisfecho haciéndolo, contemplo silencioso en lo frontal siendo.

Ocurre que como a menudo la mayoría de ciudadanos defienden relatos mal heredados, las personas discuten. Y peor aún, hay quien es vehemente defendiendo qué pasó allá donde nunca estuvo. Así, me tocó sufrirlo y hoy mi escribir es un haberme distraído.

A menudo habito a la escucha como objeto junto a objeto; en otras ocasiones devalúo el don que he recibido intentando describir lo sagrado en vez de escribir desde Ello; y por último, en las ocasiones más toscas, como quien redacta una ley, mi escribir pasa de poema a crónica notarial clamando haber sufrido mis antípodas mundanas. Registro hechos porque he sido arrojado al mundo y mi voluntad quiere que todo aquel que vive desproporcionadamente distraído me deje en paz. Eso peleo.

Así, después, regobernándome en soledad lamento mis propias distracciones y me turba no atender a las cosas en sí mismas regalándose. A sus porque sí. Me entristece no vivir la vida coincidiendo sereno con la administración random que ésta dispone a cada ahora. Ahora bien: ¿Acaso cualquier distracción no es también cosa en sí, tan espontánea y gratuita, tan objeto de contemplación como cuando advierto a propósito en mi mano el lápiz con el que dibujo mientras dibujo?

Y así es.

Projects

Este libro se va para Angouleme de la mano de los muy generosos de Damian Campanario y Danide. Esta todo en inglés gracias al saber hacer de Héctor Cimbrón que me hizo precio amigo. Lo imprimí donde Uba y Willy en su taller-teleserie. Siete copias de esto llegarán a las preselecionadas manos de quien quiera comprar mis titulos o darme trabajo dibujando algún proyecto.

Dibujar es verbo

Hice esto el otro día. Pronto más Mister. Retuve mucho dibujo y tengo todo el ánimo de volver a dibujar en bares y sobremesas, así que donde había inédito, habrá más.

AHORA SÓLO HIERVO

No necesito vencer mirándote a los ojos. Ganas a menudo y el mundo lo trituran para ti. Sólo tú y los tuyos triunfaréis. Lo he visto las suficientes veces. Habitaréis firmes y resueltos, como poetas valientes, el mundo. Vencéis pero no sabes qué derrotas. Yo sí. Yo juego a las matemáticas en el campo. Por eso pierdo. Por eso debe ser desalentador follar contigo.