Ocio hostelero (II)

Bareto

Como es ya hábito en mí fui a un concierto esta noche. Al acabar, tras llegar al bareto comodín, cerveza y borrachera. En éstas se me acerca una chica probablemente de mi edad y tras confesarme que sigue qué escribo en Facebook y no recuerdo si también en mis tebeos me nace darle las gracias desenmascaradas reconociéndole un axioma: “Te agradezco mucho la atención, de veras, pero nunca he sabido dónde meter estas cosas. No sé qué hacer con el aprecio”. Ella me dice, atención, ella me dice alto, claro, frotándome el pelo y yéndose a la vez un “métetelo donde te quepa”. Y a mí ahora, en casa, después, sólo me queda este texto. No hay moral esta noche desde la que quiera hacer justicia. Ni poema. Sólo estoy yo y el desprecio, e intentaré leer algo en compensación. Pero si hay alguien vivo por ahí, por favor, que me ampare el desconcierto en silencio. Que pacifique a sus respectivos idiotas dándoles la victoria definitiva. Una pacífica. Yo sólo quiero estar tranquilo. Es muy difícil, pero me avalan los muertos y los tibios. Todos. Buenas noches. Buenas. Ojalá.

2 comentarios
  • Autógeno

    «Inventa o revienta», parecen reprender las voces del mundo a los remansos de incubación, reparación o simple hastío que todo espíritu encarna, de tanto en tanto, a lo largo de su devenir creativo. ¿Dónde cabe el aprecio, que nadie sabe muy bien de qué está hecho, cuando uno ya no necesita defender ni conquistar nada, cuando puede prescindir de quitar o añadir cosa alguna a lo encontrado? No tomar puede ser la manera más excelsa de entregarse y también la más incomprendida, por eso de todas las alternativas disponibles la mejor es sólo quedarse solo… con la venia de los otros.

  • esteban

    De normal, admirado David, prefiero mendigar cinco minutos de compañía que cinco de soledad, pero soy el pornógrafo de mis nudos y además, como del afecto no me he desvinculado todavía, principalmente, digo, de aquel del abstracto cuando las entendederas en las lecturas de libros meridianos, blogs como el tuyo y charlas centrípetas, pues no me queda otra que exponerme haciendo siempre, sólo, de cartero. Ojalá y tuviera alguna traza de psicópata para disfrutarme las soledades. Pero no, y en estas, el próximo libro que dibujaré, si algún día acabo los tres que tengo empezados, será sobre la soledad innegociable, involuntaria y sus pre-supuestos.

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