Nueva reseña de El duelo.

por Elisa G McCausland:

EL DOLOR COMO CURA
Hay quienes deciden experimentar en cada obra y hay quienes prefieren perfeccionar, en cada nuevo libro, con la esencia que ya abordaron en sus anteriores obras. Esteban Hernández pertenece a esta segunda categoría. Un autor honesto y preciosista, de los que identifican el arquetipo y lo disecciona. Esteban gusta de trabajar la forma, los personajes, perfila la historia y da en el clavo. Y es que, aunque parezca mentira y sorprenda, todavía hay autores que creen en el cambio. El manchego se aventura esta vez con «una ficción en torno a la muerte» no como final, sino como punto de inflexión. Interesante que Altuna, el protagonista, entienda el fallecimiento de su amigo Adrián como un proceso de transformación que va más allá de la superficie —aunque no lo comprendamos hasta el final—. Interesante también la asimetría del rostro de nuestro héroe como mapa, como síntoma, como revelación última de lo que verdaderamente importa. El duelo como proceso de absorción en nuestro imaginario de la persona amada. Una historia redonda que, con tres sorprendentes viñetas finales, se te clava en el recuerdo y no te suelta.

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