Mi pequeño discurso en la boda de mi único hermano

Hola.

Quisiera pedir disculpas por adelantado. Leeré con atención pero estoy un poco nervioso. Para mí esto es importante.

No hace más de tres meses acudí a otra boda en Benidorm.

Mientras escuchaba a quienes leyeron durante el evento no pensé en Baudelaire, en Sartre ni en Unamuno. No me nació. Poco después me descubrí proyectando lo que me esperaba hoy y arrastrado por el llanto de quien se explicaba para todos, desde mi silla, en la dimensión de, pongamos, la hermana de la inmediata esposa, me emocioné en un silencio respetuoso.

Creo que lo que disparó la emoción en mí fue que quien explica qué siente en estos contextos lo siente de nuevo multiplicado, llora y lo humano hace el resto. Pero yo no quiero hacer ninguna gestión emocional con este texto. Permitidme aterrizar qué está pasando y a la vez consentidme el poema.

Mi hermano y mi cuñada van a firmar un contrato. Sólo eso. Todo eso. Como si ambos comprarais una casa, en este caso, sobresaliente. Como cuando con la misma suerte con la que os habéis encontrado, alguien consigue el mejor trabajo de su vida. Un contrato. Como cuando en la negociación y reescritura de las cláusulas de cualquier documento de este tipo las partes pactan un beneficio particular en favor de lo que haya que hacer. Ambos conformes. Laura y Santi. Todas las hojas firmadas por los dos interesados. Un concejal que lo oficia, algunos testigos y ya está hecho.

Ésta es la fiesta, familia. Mucho ojo. Éste evento no es lo que celebraremos en un rato, no. Ésta es la celebración. Éste es el hecho.

Laura Castro y yo nos conocemos desde los catorce años y su historial es su aval. Seré breve. Para mí es estupendo tener más cerca todavía a alguien a quien ya conozco lo suficiente como para viajar a ciegas si tocara hacerlo o sorber sopas juntos.

Por otro lado, estoy leyendo en el día de vuestra boda, así que hace una semana estaba preparando qué decir. De hecho, si lo ajusto bien, si soy exacto, ahora es de noche y tecleo, tecleo y tecleo. Ahora, mientras leo, de alguna extraña manera también estoy en Valencia.

Todo esto para decirte a ti en particular, Santi, créeme, que aquí, allá y a cada ahora soy el único hermano de mi único hermano. Poca broma.

Insisto. A veces en Valencia trabajando, en mis mejores días, abstrayéndome un poco, vuelvo a darme cuenta de que existes y especialmente consciente entiendo de nuevo la dimensión que me corresponde. Que nos corresponde. Me gusta y lo celebro en paz.

Por último.

Ahora que os casáis me chequeo. No tanto porque yo quiera hacer lo mismo como porque vuestra boda me acerca la edad con la que nuestros padres se casaron. Y aunque ellos fuesen entonces más jóvenes o un poco más mayores no cambia nada. Lo que quiero decir es que vuestra boda traduce mi edad y me hace habitar el mundo de otra manera. Más cabal, más enfocado. Mas cerca de lo que me importa.

Es un verdadero regalo.

Os casáis y me hacéis mucho más feliz.