Más y mejor paciente

Tengo miedo y acudo a supercherías contra él. ¿A quién le cuento que Esteban no deja en paz a Esteban? A nadie tienes cerca que ayude en los términos en los que la ayuda es solicitada. Mientras tanto, fantasías protagonistas como héroe defensor del débil que uno mismo es fracasando pese a las propias leyes fantásticas establecidas en cada justicia ensoñada. ¿Y si no recrear en la imaginación, qué tal resolver de cara a la próxima ocasión? Pues ídem. Por ejemplo: como hice con el tabaco y el alcohol, el café. También quiero dejarlo, abandonar tanta dependencia. Lo he reducido tres cuartas partes pero a la determinación de renuncia, cuanto más férrea, más hostia es faltarle. «A Dios pongo por testigo» Decía la película. Y en no dejar de tropezar contra la impotencia Él la testifica. ¡Quieres, pero no puedes! Y así con casi todo.

Qué pena tengo sin nombre ni porqué, arraigada, que no suelta y atenaza. ¿Y qué? ¿Te pasa a ti? Dije «Sé perfectamente de lo que hablas pero no puedo hacer nada» y recibí un sincero abrazo sostenido. Quizá: haz sentadas, reza a Dios. Pide paciente misericordia y mientras tanto lee, pasea, diviértete, pacifícate. Escribe. Probablemente sea este nuevo capitulo como una gran resaca, un cíclico sentirse mal. Y así, espera. Sé más paciente. Paciente, también, como un enfermo en el hospital: en este mundo que hospeda y se nos da pese a todos sus demonios. Libris Mundi: criatura que Dios a su través, perdona. Cura. Sacramenta.