Lo no esquivado.

Vive un exfuncionario ególatra de suculenta paguilla por esquizofrénico en Ciudad Real con la prescindible afición de escribir y el hábito de regalar sus libros autoeditados por la calle a quien sea. Ya hace años, a éste altivo escritor comarcal esquivado lo echaban por acosador de las librerías en las que mendigaba lectores cuando, entonces, intentaba colar sus títulos indiscriminadamente a un precio pactado con los misericordiosos libreros.

En estos días de navidad mi chica y yo nos lo hemos cruzado y me ha reconocido, pero como le iba cantando a lo tontón, en falsete y por lo bajo a mi pareja una letra que ella y yo tenemos en común, el autoproclamado escritor ha debido considerar que estaba ligando así con una desconocida o que por lo que tengo explicitado en Hernán Esteve enmascaro ser marica y a él no se la doy, algo así, lanzando una carcajada de opereta al pasarnos. No encuentro otra explicación.

Si bien, dándome la vuelta, llamándole, se hacía el sordo, y rápido sorbiendo mocos detrás suyo escupiendo en su dirección, rociandole los talones, he zanjado el asunto gritándole además un muy pueril «Hasta luego. Para ti mis huevos».

Qué gratuito todo, ¿verdad?

Feliz año.