Hoy de facto

Hace muchos, muchísimos meses que NO. Renuncié hace años. Ahora que no hago otra cosa que dibujar guiones, álbumes y propuestas, de otros que tienen objetivamente un muy buen pulso comercial puedo decir, destapar, cuál fue mi estrategia hace tiempo. Lo que proyecté en 2018 y hoy soy de facto.

Decidí dibujar para otros, lo de otros, porque entendí que hay más poema en la humildad que en escribir poesía. Así, hice una banda con un colega sin experiencia por construir una amistad, por amar y ser amado así, no a cuenta del presupuesto de mis capacidades haciendo música desde los catorce años. Respecto a mi voz autoral tebeil lo mismo querido lector: ¿Quién quiere el poema, el verso, el uni-verso, ese que nos reúne y nos conforma de sobra, con lo que nos conformamos siquiera por cómo huele en el recuerdo? ¿Tú? OK ¡Es popular que soy difícil! Y de tan mal que desde hace años olió mi gana en consecuencia, pedí ayuda y, como con la música, con la batería, ahora tengo amigos. Amor así. Gente a la que llamar por teléfono cuando nudo sobre nudo se aprieta eventualmente.

Y a la vez, matrimoniadas. Un advertir a veces en con quienes convives una severa aflicción, un complejo de ellas, y señalándola aunque con cuidado, ser chivo expiatorio de un loquesea que no es problema tuyo. «Pareces nerviosa, cariño», algo así, y todo explota o se calienta dos grados más; con el adentro crispado, interrumpiéndolo todo, urgente; fracasando camuflar así las grandes manchas de preocupación del alma. En fin, que tanto está ahí el torreón de mi maltratada autoestima, tan abandonado lo tengo que con este texto subo a él, barro allí a fondo otra vez y definitivamente decido acondicionarlo mintiendo en adelante. Máscara como escudo. Esa protección. Y amor, claro. ¿Careta hipócrita? ¡Las pelotas! ¿Cómo dice el pop? Para que llore mi madre, que llore la tuya. Eso también, un poquillo.