GENERAL

Una nueva propuesta

Me dijo quien bien sabe y mejor aconseja: «Antes de acabar el libro que tengas contratado monta alguna propuesta para no tirar demasiado de ahorros entre curro y curro». Mientras Damián Campanario hace su magia, Raule (Jazz Maynard, Arthus Trivium, etc.) me ha hecho reír dibujando una propuesta que empieza puto arriba. En sus palabras: «En estas viñetas de muestra os desvelamos lo que nunca debéis hacer en una primera cita. Si queréis pillar cacho… no seáis vosotros mismos.» Del mismo modo, añado, a mucho jazzero no le interesa Kerouac ni a otros tantos poetas el Eclesiastés.

Teología parda #7

Audio penitenciagite. Anecdotario y hoy sacrofacto tras el muy pasado festival de autoedición Gutterfest 2014 en Barcelona. «No te fíes de quien no bebe», brinda el alcohólico. Es entrar y salir de un problema quien habla. Autor y autoridad. ¿De esto haré un tebeo corto? Quizá y yo qué sé, a la vez. De esta temporada al artefacto le queda un capítulo más. Ya casi está, ya pasó. Gracias a Dios. Todas.

Teología parda #6

Calculo que a los agentes de la T.I.A. les debe pasar como a los libros de Borges, a los tebeos de Tintín o a los fontaneros de Nintendo. Mejor si de tan blindados me voy a oler flores a mis pedanías. ¿No? Sí.

También escribí un guión que no dibujaré. Lo desestimé por ilegal. La muerte de Ibáñez.

LA MUERTE DE IBÁÑEZ

Un niño lee un Mortadelo y ríe. Damián, anciano, pasa al lado y le arrebata el libro gritando: ¡No! ¡Así no! Rompe el libro y el padre que está cerca le cruza la cara. 

Damián, anciano, tiene un ojo morado y sujeta en la mano la media página arrancada del comic de aquel crío. Está en una habitación llena de libros. Mira el tebeo despacio muy turbado, se puede ver un cacho en plano. Damián tiene aspecto de indigente pero está en una casa de mucha pasta, en una mansión. Entre sus estanterías vemos la estatuilla de un Pulitzer con su nombre. También hay fotos suyas con Sartre, con Dalí. Ambos ya ancianos junto a un Damián muy lozano. Fotografías, muchas, la mayoría, con Francisco Ibáñez.

Llaman al teléfono.

– Don Damián.

– Sí. Quién es.

– Ha muerto, Don Damián. Ibáñez se suicidó esta mañana. Lo siento, lo siento muchísimo.

Damián llora desconsolado dejando caer el trozo de hoja arrebatada al niño. Vemos la ultima viñeta del Mortadelo con todos los personajes corriendo tras el propio Mortadelo.

Al día siguiente Damián está en el velatorio de Ibáñez, lo vemos delante del ataúd cerrado. Detrás suyo está Remedios, la esposa del autor, a la que alguien le da el pésame diciendo: «Su marido era un genio». Damián decide irse pero se para delante del libro de recuerdos. Está catatónico.

Una mano se posa en su hombro. Es la esposa de Ibáñez. Se miran callados unos segundos:

– Lo siento mucho, Remedios.

– Don Damián, usted sabe. Haga saber.

Él contesta abrazándola:

– Gracias.

Damián es entomólogo, desde muy joven apunta maneras. De niño sufre el acoso de los compañeros. Le dicen nuevo, que da asco por estar siempre manipulando insectos, que es un raro por eso y por ser huérfano. Su padre murió siendo él bebé. Y pese a todo, un retablo: Cuando llega a su casa pasa por delante de su madre que está hablando al teléfono: “Sí, ya estamos instalados… No, no es eso. Sí, hace dos meses”. Damián disimulando el malestar del acoso camina hacia su cuarto donde, llorando, coge un Mortadelo, pero no puede siquiera empezar a leerlo. Lo intenta pero sigue sollozando hasta que se calma. Entonces llega su madre a la habitación diciendo: «¿Ya estas con los tebeos? Él la mira ilusionado en respuesta. «¿Leemos en el salón?» contesta ella.

Esa o cualquier otra noche en una pesadilla Damián de niño está rodeado de sombras. En la oscuridad, de fondo está sentado Ibáñez, que levanta la cara de un libro grueso y viejo. Las sombras le ofrecen algo:

– Mira infante, te hemos preparado un postre.

-No lo quiero. Dejadme.

– ¿Cómo? Si además tengo tu bocadillo. Hemos cocinado.

– ¡¡Dejadme!!

– ¿No tienes hambre? Y una de las sombras, metiéndole la cara dice ¿Qué miras, pánfilo? ¿Qué te pasa?  

El niño mira quieto hacia el butacón donde está Ibáñez, que dice “Es bueno, una oportunidad para demostrar quién y cómo eres. Ten cuidado”.

Pero las sombras solo gritan: – ¡Un flan y una tortilla! ¡De cucarachas! ¡Flan y tortilla!

Damián vomita.

De seguido, ahora con 40 años, despierta de su pesadilla. Alguien pregunta: «¿Está usted bien, Damián? Tiene mala cara»

Le habla un organizador del evento en el que va a hablar enseguida.

– No, no. Todo bien. Me quedé traspuesto. ¿Vamos?

A esa edad él recibió un Pulitzer por sus estudios en entomología pero desacredita el galardón en ponencias, entrevistas, y homenajes que le hacen. Lo hace en favor de una defensa vehemente, peregrina y por eso vergonzante de Mortadelo y Filemón.

Muchos años después, muchos, más de treinta, Ibáñez anciano está en el metro, perturbado. Él suda, tose y se frota la cara de pura desesperación. Mira a derecha e izquierda pero el andén está petado. Advierte caras de todo tipo. Gente random muy variopinta. Viene el metro e Ibañez cae a las vias. Es atropellado y muere en el acto. La gente grita horrorizada. ¡Suicidio! ¡Un suididio!

Alguien sale de la boca de metro hablando por teléfono:

– Sí. Ya está hecho. Ha sido fácil.

Damián pasada la mediana edad, con casi 50 años, quiere honrar a Francisco Ibáñez. Está decidido. Quiere expresarle su profunda gratitud por hacerle reír, por ser apoyo, bálsamo, amigo y una especie de padre sustituto idealizado a través de Mortadelo y Filemón durante sus años de niño contra tanto estrés por los muchos cambios de colegio, bulling y aislamiento en las aulas. Por fin hará aproximaciones a Ibáñez en persona. Pero el autor es arisco, huraño. Tóxico. Ibáñez está muy perturbado pero Damián persiste. En una de éstas ocasiones, en una tarde de tormenta, entre obsequios, atenciones y aprecios de Damián, por un rebote circunstancial, por estar en el sitio indicado en el momento indicado, por uno de esos Deus ex Machina, por un combo muy chorra y muy de comic, por una suerte increíble, loca, causal y porque sí, en un momento en el que Damián esta especialmente pesado con Ibáñez, que está recogiendo a sus hijas a la puerta del colegio y a punto de perder definitivamente los nervios, nuestro hombre bajo la lluvia, sin hacer nada en especial, evita un combo encadenado de accidentes mortales (de tráfico + una maceta caída desde un balcón + un rayo que cae del cielo) en el que sin duda Ibañez y sus hijas hubieran muerto en el acto. Entonces el autor mira incrédulo a su alrederor y a Damián hasta que se demora en él, atento, como ante una especie de enviado del cielo, y le reza: «Nunca tuve hijos, solo hijas. Hasta hoy».

Justo antes del primer confinamiento de la Covid, el 12 de marzo de 2020, repartido entre millones de pantallas en toda España y latinoamérica, por televisión y YouTube, aparece Damián anciano, con mucho mejor aspecto haciendo un streaming.

Su interlocutor explica:

Damián Regio. Su tesis doctoral sobre entomología le valió el Pulitzer. Poco después ingresó en la orden Cartuja de Sevilla donde hizo voto de silencio durante seis años. Al cabo se retiró como casi eremita a una pedanía abandonada en el secarral Castellano-Manchego. Hasta hoy, por fin, que habla para nuestro streaming. Una de las mentes preclaras de nuestro país. ¿Don Damián? ¿Me escucha?

– Sí. Hola.

– Adelante.

– Gracias.

Damián lee de unos folios.

– Francisco Ibáñez fue mi muy mejor amigo. Lo asesinaron, no se quitó la vida, y con el marchamo de su familia y los suyos diré porqué: Mortadelo y Filemón, Tánatos y Eros.

Ibáñez en un café me confesó:

«Mortadelo viste como un enterrador del siglo XIX. Literalmente: La indumentaria negra que siempre ha llevado, la levita, el lazo por corbata, el alzacuellos. Yo bromeo en cada entrevista con que el personaje pasaba hambre pero no fue bautizado a costa de la mortadela, eso es ridículo, sino por lo finito. Lo escatológico. Por la muerte.»

– “Muerteduelo”, conjuraba Don Francisco entre sus amigos.  A menudo con los colegas, en algunas sobremesas, fumando y bebiendo se nos acoplaban dos o tres hippies. Paco arengaba a menudo:

«Mortadelo es el protagonista, el eje de cada uno de los tebeos donde aparece, ¡cómo no! Y tiene un millón de caras, se disfraza, ¿Quién sino la muerte? El Mortadelo conocido, el popular, el asumido, jamás el mío, es un espejismo. ¡Una consecuencia industrial de la Bruguera franquista!»

– Ibáñez proyectó así a sus personajes y algunos de aquellos hippies con quienes tenía trato se hicieron fuertes alrededor suyo. Ibáñez, generoso e inocente les contaba los detalles de aquella mecánica de fondo. A veces entre más de una docena de hippies, gente joven, se descubría a sí mismo por sorpresa como quien predica sin querer:

«Así, Filemón es filia, amor. Afecto. «¡Filiamón!». Un ágape que solo recibe traiciones y tropiezos de su compañera la muerte. Filemón es el cónclave, el Eros, de su compañero inseparable Tánatos. Tal para cual.»

– Aquellos hippies con los años, sin Francisco en absoluto pero germinados de sus ideas, abusaron de los estados alterados de conciencia viajando con Ayahuasca, LSD y hongos, ya conocéis la decadencia de aquella cultura. Y los que sobrevivieron fueron poderosos yuppies: empresarios, gente que además de delirante, tornó multimillonaria y con el tiempo muy peligrosa para Ibáñez.

Damian levanta los ojos del texto y dice:

– Doy buena fe de que todo esto pasó. Fuí allí invitado para interceder por Don Francisco. Especulaban, me preguntaban:

«¿Quién es la Señorita Ofelia? ¡Ofelia es en Hamlet la romántica que se ahoga pura! Nadie la folla nunca. Rechazada y así, pura. Ahogada en su pulsión hacia Eros y Tánatos. Vida y muerte. Filemón y Mortadelo la rechazan por igual. Tragedia máxima eterna. Esquivada y terremoto.»

– Y entre ellos:

«¿Y Bacterio, hermanos? La episteme torcida. La ciencia patas arriba de técnica enloquecida de nuestro mundo hoy. El despropósito de la tecnología.»

Damián vuelve al texto, lee:

-Cosas así y sus detalles los confesaba Ibáñez a los muy suyos. Pronto dejó todo este asunto documentado ante notario porque advirtió que algo malo pasaría. Aquellos yuppies, usando los tebeos de Don Francisco como textos sagrados, como parábolas oraculares, como mapas metafísicos, con cada superhumor como libro teológico y místico, distribuyendo los icónicos personajes como símbolos según les convenía, configuraron rápidamente una secta en red allí donde Mortadelo y Filemón era editado como historieta de humor. Una sede en cada país.

– Don Francisco incluso recibía videos de los yuppies que en oscuros templos, a menudo, en el momento de la primera soflama, la sangre roja de un gato blanco era derramada. Allí predicaban:

«Filemón se apellida Pí. Que también es un número. Tres coma catorce dieciséis. Una letra también griega para un número de decimal infinito: La philia así de amor vivo, la pulsión de vida vívida.» «Además, Filemón viste de blanco y rojo como rosas regaladas. Pureza o sangre viva. ¡Sangre viva!»

– Ibáñez se derrumbaba cuando el gurú que presidía el sacrificio en cada video se bebía grandes vasos de leche mezclada con la sangre del gato.

Damián levantó los ojos del texto otra vez:

– ¿Aquella secta asesinó a Don Francisco Ibáñez? Sus familiares y allegados creemos que no se suicidó. Él pronto rechazó todo contacto con ellos y claudicó de todos los honores que le otorgaban, pero aquella gente quería más significados y sentidos a partir de Mortadelo y Filemón. Querían saber.

«¿Dónde quedaba cada carrera al final de cada historieta?». «¿Qué compromiso social y humanista es así la permanente actualidad de cada libro?». «¿Qué es cada chichón como herida en el permanente slapstick?». «¿Qué es ese tan buen humor con el que nos reímos aún, pese a todo, a carcajadas?». Preguntaban. Inquirían.

-Ante el silencio del autor la curia de aquella fe se autorizó hegemónica y suficiente para decidir el significado de aquellos tebeos, decidió cual es y había sido siempre la lectura correcta de las aventuras de Mortadelo ampliando y recortando interpretaciones a placer. Ibáñez peleó la genealogía de su obra entre nosotros e hizo intentos de publicar el aparato teórico de su obra. Así, por ser un problema tan de raíz para aquella organización de fe, creemos que fue asesinado.

– Dicho esto y a causa de que no habrá justicia por falta de pruebas y acusados, hoy la familia y allegados de Don Francisco, en su nombre, pedimos el respeto y la correcta lectura de los fundamentos mitológicos, humanistas y espirituales del trabajo de Ibañez, para cualquier entrega de sus queridos personajes. Sin menoscabo de la comedia y la carcajada que despiertan, exigimos el rigor y la conmemoración del autor y su trabajo porque Don Francisco Ibáñez Talavera diseñó y produjo la obra más ambiciosa de la historia reciente de la literatura universal.

– Primero la maquina de hacer billetes tan popular en que se convirtieron los personajes escurrió el bulto, después aunque la apropiación del contenido de su obra fue todavía peor trago para él, todas sus historietas tienen todavía ese hambre. Ibáñez no fue dibujante de tebeos, fue un relojero de precisión.

– Descanse en paz. Buenas noches.

A las 23 hroas, Damián, por ultimo, aquella noche de primavera del día de san José de 2020, solo y en medio de Castilla la vieja se despide en el streaming, se levanta de la silla, se despereza y de camino a la cocina encuentra un escarabajo, que coge y libera fuera de casa.

Mi alegría

YA ES PÚBLICO. DAMIAN CAMPANARIO DIXIT:

«Cuando quieres dedicarte a escribir tebeos, todos los contratos que firmas son especiales, pero el que me ha llegado hoy a casa lo es por muchos motivos. Para empezar, por mi compañero de viaje en esta nueva aventura: Esteban Hernández. Un autor al que sigo y admiro desde hace años. Me habría conformado con participar en uno de sus Usted, pero al final parece que podremos hacer todo un álbum para el mercado francés. Un sueño hecho realidad.Y es que he descubierto que Esteban es, además de un gran autor, una persona con la que es un lujo y un placer trabajar. Él lleva años guionizando sus propias historias con una prosa maravillosa. Escribir algo que estuviera a la altura me daba mucho respeto, incluso miedo.Dar con la idea para Vert no fue fácil. Pero una vez me pude librar de esa presión autoimpuesta, las ideas empezaron a fluir hasta que dimos con algo en lo que ambos queríamos trabajar.Nos ha costado muchísimo encontrar el momento, nuestras respectivas vidas parecía que no se iban a sincronizar nunca, que el día en que los dos pudiéramos dedicar tiempo y ganas a este proyecto común no llegaría. Y no sólo ha llegado, si no que hemos logrado el objetivo de encontrar editor.El contrato de la foto es el mejor que he firmado hasta ahora y eso es gracias a la editorial Bamboo y al increíble trabajo de Esteban.El año que viene podremos compartir con vosotros la fantástica aventura en la que estemos envueltos.»

Plot Point. Diálogos.

Si eres más de leer, aquí una entrevista en la web de Radio Televisión Española (rtve).

Y aquí dos audios con Fernando Llor sobre PLOT POINT. En Ondas Gamma (con Javier Marquina, en Aragón Radio) y en ¡Qué de cómics! (con Javier Alonso en RNE) . El libro lo editó estupendamente Nuevo Nueve (en Castellano) y Retranca Editora (en Gallego). Póntelo mientras cocinas. Acuéstate pronto hoy e ínflate a dormir, además. Recolorea el ánimo. Puro antidepresivo, creéme. Dormir (a placer pero en orden) es el mejor psicofármaco.

en ONDAS GAMMA:

en RNE: