GENERAL

Sacro facto

Dejar paso, espacio, voz al prójimo es ceder el propio. Dejar que el otro ocurra es regalar zonas conquistadas a cambio de nada. Un regalar, no negociar.

Todo apego por esas áreas es placer por quien se es o por en quien se quiere uno convertir. Apegos cuyo pegamento es el deseo y así, tras la intemperie, la frustración y la soberbia. A la contra, tener muy sufrido hasta lo insoportable haberse soltado del sí mismo por el otro casi gratis, agradecido, pactando así, es sufrir al implacable bufón en retrospectiva. Y pese a la hiel acumulada, hacerse de esto un proyecto en transito, no una prédica, un predicado ni un sujeto. Un ir a ser apenas sustantivo y tratar a iguales a casi cualquiera para que entre siquiera dos, lo ruego, conmigo aunque de mí se haga espectador, se ceda lo propio y ocurra lo lugar, uno sagrado. Donde sea. Sacrificar, un sacro-facto, en su único y último sentido, jamás en el de la crueldad sino en el de hacer sagrado, entre vívidos, un espacio así al menos charlando, abierto, unitivo y tener, poder, deber, y querer hacer iglesia honda de todo pelaje adonde ocurra ni tu, ni yo.

(No sé donde buscar de esos veinte individuos que sostienen la vida contra toda aberración. Aquellos que, localizó Borges en un poema, acarician un perro mientras duerme, justifican o quieren justificar una ofensa, entienden en lo profundo una etimología, etc).

Personajes

En estos meses estoy montando con Damian Campanario (Gen Pet, Killmasters) una propuesta cuyos personajes os dejo aquí:

Regalías seleccionadas

Avanzo lento pero inexorable hacia un calado y muy permanente aprehender que cualquiera, sí puede poder, desde donde sea que lo ejerza, lo pelea pisando prójimos. Próximos. Y todavia peor, desde la pura inercia. Desde la irreflexión. Desde la velocidad y lo asertivo.


Que un entorno decida que eres un parguela posibilita, extirpado el ego, cualquier maniobra silenciosa y pacífica para el propio sosiego, u otras abrasivas, estrategas y casi invisibles contra lo adverso.


Hay reglas de virtud que es imposible obedecer. Creo que hay llamados para diferentes misiones, pero que no practique, por ejemplo, las de San Benito, o no me vea practicándolas ni habiéndome aproximado jamás, no me pone en mal lugar. Este, un lugar, que creo es rebote de la invencible imperfección moral y una perfecta autopista para la culpa. Así, toda obediencia me ulcera porque la pide el clero, no lo Santo. Si encontrara alguno a quien seguir, si diera en mi vida con alguien de extrema virtud, imperfecto, pero completa y permanentemente enfocado, le obedecería a ciegas. De hecho, hace muchos años, un amigo cabal y más duro que yo escribió en su blog lo mismo. Se preguntaba sin ego, ya no a quién entregarle las propias armas, que también, sino por quién dejarse matar con ellas. Asesinado por un Santo. Quien será el/la más grácil, qué alma, que desde toda la confianza depositada y merecida en su ética, asesine a mi amigo y me ordene en la fe. Algo así.


Uno en su mente rinde cuentas al espectro de un tercero. Al de alguien que, según el propio historial, nos embosca el pensamiento cuando éste cobra autonomía: cuando no es guiado. Qué malas son las propias potencias cuando las desatendemos, cuando no las vigilamos.


Lo soy y hoy me lo gritaron. La palabra idiota proviene del griego para referirse a aquel que no se ocupaba de los asuntos públicos. Quien dice todos, pueblo o españoles sólo esta arrimando el ascua a su sardina, y a quienes dicen yo en profundidad, el último, es decir, lo contrario, el común, a esos los exilian. Aún iniciado en estos mimbres, el careta y juez de esta noche no supo responderme -porque no hay cómo- a por dónde casan sus muchas disciplinas espirituales, su recreo, con la especulación bursátil, su oficio. Y ladró.