Esteban Hernández

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Esteban Hernández

De la distracción y el Don

Según sé de prestado, relato genera relato. Todo lo que queda fuera, todo lo que no es texto suscita, desde donde ocurre, si hay voluntad de hacerla, una nueva ordenanza del mundo sea cual sea el lenguaje en el que hayamos decidido embutir al arcano de la otredad.

La experiencia de la nada, de ese afuera, del otro, de aquel lugar innominado, es lo originario porque está vacío. Luego aterrizada, traducida, sometida a lenguaje, por ejemplo, la tabla periódica de elementos es una explicación posible, una metáfora del universo como cualquier mito teológico o cualquier utopía política. Relatos de sentido que en origen encararon lo que para mí, demasiado humano y satisfecho haciéndolo, contemplo silencioso en lo frontal siendo.

Ocurre que como a menudo la mayoría de ciudadanos defienden relatos mal heredados, las personas discuten. Y peor aún, hay quien es vehemente defendiendo qué pasó allá donde nunca estuvo. Así, me tocó sufrirlo y hoy mi escribir es un haberme distraído.

A menudo habito a la escucha como objeto junto a objeto; en otras ocasiones devalúo el don que he recibido intentando describir lo sagrado en vez de escribir desde Ello; y por último, en las ocasiones más toscas, como quien redacta una ley, mi escribir pasa de poema a crónica notarial clamando haber sufrido mis antípodas mundanas. Registro hechos porque he sido arrojado al mundo y mi voluntad quiere que todo aquel que vive desproporcionadamente distraído me deje en paz. Eso peleo.

Así, después, regobernándome en soledad lamento mis propias distracciones y me turba no atender a las cosas en sí mismas regalándose. A sus porque sí. Me entristece no vivir la vida coincidiendo sereno con la administración random que ésta dispone a cada ahora. Ahora bien: ¿Acaso cualquier distracción no es también cosa en sí, tan espontánea y gratuita, tan objeto de contemplación como cuando advierto a propósito en mi mano el lápiz con el que dibujo mientras dibujo?

Y así es.

Projects

Este libro se va para Angouleme de la mano de los muy generosos de Damian Campanario y Danide. Esta todo en inglés gracias al saber hacer de Héctor Cimbrón que me hizo precio amigo. Lo imprimí donde Uba y Willy en su taller-teleserie. Siete copias de esto llegarán a las preselecionadas manos de quien quiera comprar mis titulos o darme trabajo dibujando algún proyecto.

Ocio hostelero (X)

31 de Diciembre, Ciudad real.

En mi penúltimo día de vacaciones me pasé por el forro de los huevos las buenas artes de no salir a la calle ni pisar el centro de la ciudad. Lo hice, además, ay, en medio de las cañitas del último día del año. Yo no bebo pero quise un café con mi chica y buscando donde tomarlo entramos a un local atestado. Uno en el que habían colocado más mesas de las habituales, por encima de lo razonable, para exprimirle más dinero a la fiesta. A la mierda lo cualitativo, de nuevo.

Desde el quicio de la puerta, mirando, de tan disparate decidimos irnos. Girando sobre mi eje alguien llamó mi atención con un grito corto de pastor: Un conocido con quien coincidí el día anterior en la calle me saludaba. Correspondido, como quien llama a un limpiabotas, pidió con un gesto que me aproximara.

Al igual que en origen no debía haber salido de casa, sabía que mejor no atravesar el bar, pero no me hice caso. Así, un hola desde lo cordial y lo educado, y todo bien entre nosotros, la verdad. A su lado, Zazuel. Por quién me siento a escribir.

Hacía 15 años que no lo veía. Zazuel es un casi artesano local hoy sexagenario que por donde está el nivel de flotación comarcal de calidad y contenido pasa por artista. De ningún talento creativo para cualquier arte aplicada, cuando tratábamos tenía desatendido, además, todo rudimento básico del dibujo. Perspectiva, proporción, composición o etc. A golpe de traje del rey, a causa de vivir hasta los 40 con papá y mamá, es decir, disponiendo de una amplia nave industrial para producir grandes formatos sin apenas demanda y dando fiestas a placer, Zazuel se había atornillado al culo entre los que le tratábamos la silla de respetado artista local. De humildad pasivo-agresiva, todo curro que le entraba era afluente de una profesora de escuela de artes que, desleal, aprovechaba la autoridad del centro público donde funcionariaba para abastecerse de clientes. En éstas, lo que la maestra se sacaba con la punta del palillo de la muela cariada, se lo daba a Zazuel.

Zazuel compraba docenas de CDs todos los meses y con un criterio musical a base de dejarse un dineral en discos antes del buen internet (de que todo sello nacional e internacional catalogara online qué ofrece), compiló en casa una indecible colección de asusta palomas. También era DJ, claro, y de aquellos polvos, del conjunto, jugando siempre en casa, hacía barricada y arma arrojadiza moral para autoproclamarse principado del buen gusto contra todos. Conseguía así un respeto endogámico y circuitado al que con su talento nunca alcanzaba. En lo humano buscaba o reía por sistema, incansable, toda torpeza ajena para llevar la sabia razón o decir la última palabra, y claro, estaba solateras. Nunca entonces lo amable, y en lo educado, el otro día, cantó bingo.

Me acerqué a quien quiso resaludarme y como entre los de aquella mesa allí habíamos compartido al que en mi Hernán Esteve es Juan, por conocerlos a ellos entonces, pese a todo, digo, saludo a Zazuel. Tras un hola cortés y estrecharnos las manos blandas, por toda dialéctica entre ambos quiso contra mi esa cierta y fétida retórica del zasca. A mi interlocutor, preguntándome qué tal o a donde voy, le comenté que buscábamos una cafetería y al «pero…» que dejé en suspenso a continuación señalando a mi alrededor, aquel tóxico, espontáneo, espetó desde el sarcasmo un «Ya has encontrado una». Por no tener calibrada qué tan idiota era aquella actitud, le atendí con un «Ya sabes a qué me refiero». Y abriendo la réplica al resto de la mesa, es decir, a mi interlocutor, su mujer y a una chica random allí, Zazuel levantó la voz para asegurar un «no, no te entiendo», eructando por último y sin mí una carcajada-sonda de complicidad entre los suyos.

En vista de que mi antiguo colega tampoco entendía nada, entre tanto desconcierto blablamos otro Qué tal o simplemente Qué frío hace, o más Adonde vas torpe e indefinido. Decidí obviarlo todo y le pregunté ninguneando al viejo trol: «Tío, llevamos muchos años migrados los dos de aquí, ¿tu sabes dónde hacerse un café en paz? ¿Hoy? ¿A estas horas? Creo que es imposible». Zazuel hablando en medio del volumen del local se retrató en HD con tres «No le digas nada, que se busque la vida».

Os juro que sigo sin entender. Me despedí y me fui. Menudo tarado.

Dibujar es verbo

Hice esto el otro día. Pronto más Mister. Retuve mucho dibujo y tengo todo el ánimo de volver a dibujar en bares y sobremesas, así que donde había inédito, habrá más.

AHORA SÓLO HIERVO

No necesito vencer mirándote a los ojos. Ganas a menudo y el mundo lo trituran para ti. Sólo tú y los tuyos triunfaréis. Lo he visto las suficientes veces. Habitaréis firmes y resueltos, como poetas valientes, el mundo. Vencéis pero no sabes qué derrotas. Yo sí. Yo juego a las matemáticas en el campo. Por eso pierdo. Por eso debe ser desalentador follar contigo.