Esteban Hernández

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VandalZ

Fernando Llor y yo nos hemos encontrado por el camino y en cuestión de unas pocas semanas estamos acabando de montar una propuesta y es muy posible que empecemos otra en breve. Ambas cara a Francia. Esta primera es ‘VandalZ’, una historia gamberra para chavales, y la sinopsis cortita dice:

1994. NeoCompostela está dominada, igual que el resto de las grandes ciudades, por la Gente de Plástico, una especie de maniquíes vivientes que tomaron el control tras la lluvia de meteoritos plásticos de 1989.
Las antiguas ciudades han sido abandonadas, ahora casi todos están instalados en macrocentros comerciales en los que viven, trabajan, comen y pasan el tiempo libre.
Solo unos pocos viven en el exterior y son perseguidos por los GP’S. Algunos son simples parias, otros son desterrados y unos pocos, muy pocos, forman los VANDALZ, un grupo de chavales que utiliza distintas herramientas para golpear a los GP’S donde más les duele.
Sus 4 miembros: Minia, Artur, Urxo y Vera han trazado el plan perfecto: rescatar las piezas del Mecha que el Doctor Terín ocultó por la ciudad, montarlo y combatir a la Nerómosis, la mente colmena que domina a la Gente de Plástico.

Usted #9

Fanzine de historietas · Esteban Hernández · 15 x 21 cm · 64 páginas · Todo color · Sugoi ediciones

      

Diecinueve títulos

Todo es vanidad, dice el Eclesiastés. Donde vanidad es la exacerbación del egotismo y a la vez lo vano, lo hueco. El texto bíblico enumera que el esfuerzo, la honra, cualquier tipo de éxito atravesado de cifra, de comunidad, o bien la virtud o cualquier pecado, es en vano. En ambos sentidos: una autoafirmación más o menos camuflada y una cáscara que se lleva el viento. Que, como mucho, a lo único que puede disponerse cada cual es a intentar pasarla bien sin que eso haga de la experiencia una fiesta, porque si todo refrán ordena, El hombre propone y Dios dispone. Sólo depende de la suerte, de algo así, que uno disfrute, y si te pilla distraído ni eso.

He computado desde la extrema admiración por mi encontrada comunidad entre ágrafos, en la familia de Pessoas, Sócrates y desde el relato del Cristo que no escribió sus tropelías, la cantidad de doce títulos (entre novelas gráficas, cassettes, nuevos números de Mister, Usted y etcéteras) acabados e inéditos además de otro novelo gráfico en proceso, más los seis ya publicados de cuyos derechos dispongo por vencimiento de contrato, muerte de editor o bancarrota editorial. Podría decir sumándolo todo y exagerando sin llanto ni soberbia que tengo casi diecinueve trabajos listos para su publicación.

Pese a los buenos hábitos, desde el pasado dos mil catorce mi empeño ha ido minando mis psicologías. Desde entonces estoy peleando publicar fuera del país y este mes hace un año que en silencio pero firme claudiqué de los tebeos; de lo que me retracté al poco por una carambola que aún no hizo carne. Por lo demás, “no money, no honey” y de momento no autoeditaré.

Así, la imagen que utilizo para la espera, para la providencia, para con lo que vaya a ser de lo mío, es la del preso que en su celda hace flexiones y abdominales. Un estar en forma para cuando toque, porque, es bueno recordarlo, hay una línea infranqueable para la voluntad que porcentualmente deja a la vida proyectada un margen ridículo de maniobra. Poco se puede hacer con la fuerza del trabajo o mal rezando.

En estas, le dije a los míos borracho de Juan de la Cruz: «Algo quiere la vida de mí que no me da lo que más anhelo.» Y desde mi último no saber qué hacer, quebrado, decidí meridiano mi entrega absoluta e incondicional. Porque si la Nada se regala existencia a cada contracción del corazón, de los pulmones, o después de cada pestañeo, mejor soltarme de lo que le pido en favor de lo que ella decida para mí por sí misma. Pruebas y experiencias tengo de su don, de sobra, como para confiar.