A ver si os entra

Me siento a leer, otra vez, y de la primera media página del libro llego a la pared que tengo en frente. Me embeleso en ella y bajando por un pilar acabo en el cable de alimentación de mi ordenador. Todo lo que alcanzo a ver me sobrevivirá, recuerdo de una canción, y me asombra que en abstracto, en la permanencia del contemplar ese cable, él no lleguará a agrietarse ni a moverse en un siglo, a la baja, después del último recuerdo sobre mi persona: Todos habremos muerto cuando el cable, por sí mismo, deje de ser cable.

Vinyeta

Sobre el fondo de la pared inmóvil seguí explicándome aquella especie de cuerda, pero no en cuanto al uso que aún le doy o a quién la puso allí ni, tampoco, por cientificar ninguna de sus probabilidades. Me enredé al hilo del futuro que iba a ser y le calculé lo que le esperaba. No un futuro en relación a los próximos, pongamos, dos años, si no a sus inmediatos tres segundos. Así, de este modo, insisto, como el paisaje del fondo no cambiaba, me abstraí de eso que veía en favor del futuro que iba a ver y, efectivamente, ocurría. Era. La experiencia que aún me gatilla esta perspectiva pone patas arriba el presente en un éxtasis.

Por otro lado, si todavía mirando vuelvo a mí y me propongo captar el cable en su ahora, consigo satisfactoriamente enfocar lo que el cable es en su sencillez, pero inmediatamente después, en correlato, me asombra y deja de ser el objeto de mi atención. Lo arranco de su presente, lo trasciendo y solo gestiono su estela. Así, el titular sería: El presente se me escapa cuando lo capto como presente; el presente huye de sí mismo. Si no soy capaz de explicarme, paciente lector, prueba en soledad y en un buen clima a atender a lo que tengas delante en tramos de pocos segundos.

No hay quien permanezca en la conciencia de las cosas. Es imposible. De una manera natural nos separamos de la desnudez de la vida. No es voluntario. De hecho, la conciencia plena acaba por reconocerle a los objetos lo que son sin preguntarles qué son. Lo que quiero decir es que después de reconocerle a, por ejemplo, cualquier vaso el mineral (la roca) de su cristal, la geometría de su vacío y el mapa de muescas de su historial, después de mirar el macro y el micro de su superficie, nuestra naturaleza lo indiferencia y bebemos lo que sea con su ayuda sin darle importancia.

Estos contenidos los intenté explicar en la presentación de un Mister y recuerdo a la gente yendose, las ausencias en los ojos de los que se quedaron y que el desierto avanzaba a por mí.

Saludos.

2 comentarios
  • Ariadna Chezran

    Nos entra solo si contamos con las ganas de ello y los precedentes de haber pensado, alguna vez, en términos parecidos; si no fuera por eso… criptograma.

    La duración de ‘las cosas’ en contraposición a la nuestra, la humana, es algo pavoroso. Y ese pavor que causa, no sólo su duración, sino su postración absoluta, su no decir NADA, su imperturbabilidad frente al devenir es angustioso para el hombre porque contrasta con nuestro sentido de acercarnos al fin, a la muerte. Ese no preocuparse de ‘las cosas’ por el paso del tiempo nos perturba hasta el punto de exasperarnos.
    David García Bacca escribió: Las cosas son cosas porque no me ven. Podríamos añadir, las cosas son cosas porque no se dejan afectar por el paso del tiempo. A mí lo que más me interesa de las cosas es su silencio.
    Lo inerte frente a lo vivo, tremenda cuestión. Quién ha de morir necesariamente, el hombre, frente a lo que permanece cerrado absolutamente a la muerte, las cosas.

  • esteban

    Hola Ariadna. Gracias por pasar y comentar.

    Siempre, hasta entre desconocidos y pacífico de mí, el clima de este texto es la piedra de toque con la que encuentro y construyo largas amistades. Parezca o no una cripta, escribo de lo que hablo y hablo de lo que escribo.

    Simpatizo a saco con lo que dices. Unamuno lo llamaba congoja, Camus absurdo, Sartre nausea, o Pessoa, a su manera, saudade. Mi relación con el ser de las cosas es pacífica. El rasero con el que mido lo que veo cuando me demoro en la contingencia de mi alrededor no es la vida humana. Algunos folclores, ya sabes, miden la vida en relación a sus geografías: el mar, una cordillera, un desierto.

    Tengo cotejado que del ejercicio de escuchar ese silencio que comentas, de la experiencia de la nada, se desprende el asombro y la vida. Es un poco extraterrestre, pero en esta lucidez, en el juego que le corresponde, mirando, por ejemplo, a mi móvil como se merece sólo veo su plástico, y en esa dirección lo reformulo mucho más allá (más acá, en realidad) del electrodoméstico. Dices pavor y exasperación, pero sé que estas aproximaciones al vacío preparan a cualquiera para recibir lo adverso, igual que el poema cabal habla del sol sin cientificarlo. Otra ética para la muerte, quiero decir. Pasa por ahí. Acepto las cosas siendo y sobre la cordura de mis entendederas reformulo el mundo desde el sentido común. Vivo con las traducciones que me han enseñado, pero deconstruyendolas canto y celebro. A veces, en este demorar, en este morar, en este habitar, me chequeo y flipo. Es muy raro estar vivo y la experiencia del ser en su permanencia con o sin mi, en sí misma, desde estos anclajes, es pura salud. Es paz. La muerte es extraña, pero cualquier cosa desnuda -viva o inerte- es el mismo disparate.

    Gracias otra vez. Eres bienvenida aquí.

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