Esteban Hernández

Esteban Hernández

Cómic · Ilustración · Etcétera

Prosema (II)

No quiero estar con tontos. Donde mi padre, mi madre y mi hermano lo son. Donde mi chica lo es. No quiero estar con tontos.

Pero un tonto es un atónito en su profundo sentido ¿Y no fue lo presocrático puro asombro? ¡Aún lo habilita!

¿Y no peleé allá en mi estupefacción una compañía, una comunidad, o apenas un alguien contra mi soledad? ¿Y no será así, mi soledad, mi propio desierto? ¿Y no ocurrió mi propia angustia, mi angostura, rastreando allí?

Un desierto es un espacio abierto, la contra de lo angosto. Andar a oscuras es confiar en lo que nadie anuncia.

Luego, qué listo que lee, elige y se hace a sí mismo selector puedo querer yo entre los muy míos si cualquiera así, desde su en sí, sólo escucha al mundo para ordenarlo. ¡Para sus ordenanzas!

¿No serán los míos, como yo, los tontos; los que no acertamos desde nuestro asombro disparando una y otra vez a la diana? ¿No es cada disparo una tontería?

Y pongo en juego acá, pensado con el tuétano, confiando en la contingencia random, aceptando lo que ocurra en mi fe, que es la desesperación de saberme perplejo lo que me espanta y os califica.

Sólo sin ego, sujetos, objetos y proyectos coincidirán con lo que son.

Renuncia y proporción

Releí Autarca. Mi último trabajo acabado y aún por editar. El libro, cuando lo compartí con muy pocos, hizo que de entre ellos un amigo me gritara en casa. No importan los detalles. Con el título compilé entre los míos una rosa de los vientos.

En lo que me suscita revisitar mi tebeo he reconocido fiel y sosegadamente por qué tras éste no habrá más de lo tan obsesivo compulsivo mío dibujando novelas gráficas. Lo anuncié hace años: El paroxismo de lo que pretendo contar en lo que dibujo, lo que señala el poema, pasa por que no importe andar dibujando. Hay un silencio que vale más que cualquier criterio y solo contemplando su timbre, en lo que acontece allá, catando esa quietud en el proyecto de ser imperturbabilidad, merece la pena dibujar o hacer cualquier otra cosa. A la contra, cualquier vanidad, enmascarada o no, es una ruidosa, hambrienta y sofisticada maltratadora.

Todavía me gusta hacer comics porque hay cosas que siento importantes y que inevitablemente no dije aún, o que, mejor y del mismo modo, no expliqué bien porque dentro no cabe dentro aunque me empeñe. Así, al igual que sólo dibujaré novelos gráficos cuando hacerlos reclame su sentido, no suicidaré lo demás.

Reseñas HERNÁN ESTEVE (VI)

Laura Barrachina en LA HORA DEL BOCADILLO de Radio3. Entrevista.


Señor B en METRÓPOLES DELIRANTES.

Esta nueva obra de Hernández, viejo conocido de la escena fancinera hispana, está editada por la granadina Libros de Autoengaño y tiene un declarado tono autobiográfico. En un ejercicio de desdoblamiento y de sinceridad brutal el autor desnuda cuerpo y alma, a través de un alter ego y de su propio personaje va desmenuzando cosas de su vida en las que cualquiera puede reconocer su infancia, su juventud o su madurez, o todas a un tiempo, porque este libro tiene algo de generacional. Sigue leyendo.