Esteban Hernández

Sobre Hernán Esteve

Hace muchos años un factótum del tebeo nacional me mandó a por café. Hace muchas semanas, demasiadas, me senté a no hacer nada mirando la pared. Hace unos días acabé todo el dibujo de mi nuevo tebeo largo. Ciento veintisiete páginas. Autobiográfico.

En Hernán Esteve cuento una historia de persuasión. Un sufrirle la moneda de cambio de la amistad y la ayuda desinteresada a un homosexual reprimido. Ocurre que dándola a leer a pocos pero buenos amigos y familiares me he encontrado (o el libro ha encontrado por sí mismo y me ha explicado) que hay una estructura machista que se salta géneros y está monstruosamente normalizada. Muchos sabéis que feminismo es paridad, no lo femenino. Yo en su calado tengo advertido que hay mujeres y hombres en las comunidades homosexual y lésbica que son desproporcionadamente machistas. Lo son a falta de un neologismo.

Es muy común que alrededor de algunos enfermos de cáncer broten parásitos que buscan su beneficio. Dinero. No pienses cinematográficamente. Hablo de primos, hijos, hermanos y muy verdaderos amigos. Del mismo modo muchas personas confían en los suyos y acaban en el centro de una tela de araña. Esa es la estructura que, en el marco de lo sexual para mí y contra mí ha sido nudo y resaca durante muchos años. Habrá a quien le parezca una tontería o peor aún, algo tácito y sustancial de lo humano. Como si tejer estructuras egotistas, estériles, sofisticadas y sibilinas porque sí nos fuese propio.

Mi nuevo tebeo largo es una crónica y una reflexión sobre la identidad. En el guión no explicité algunas experiencias infantiles porque aún me tambalean. Terminaré dibujandolas en algún Usted. También mentí sobre la mejor actitud de algunos amigos históricos para poder enfocar otros asuntos; y hay romances que en el tebeo se intuyen conquistas heterosexuales: Historias del haber podido follar y decidir no hacerlo por logística, sentido común o descuido. Comedias que me reservo.

En la intrahistoria del tebeo, durante los años de infancia provinciana, otros tantos de adolescencia drogada, muchos más de recuperación psiquiátrica sin líbido, dos o tres de ciega ayuda a mi persuasor, más hoy trece extra en mi todavía satisfactoria relación de pareja, ha permanecido un deseo soterrado como un acufeno; procrastinado, permanente y aún más profundo que cualquier tribulación sexual. El deseo perenne de llenar de agua un cubo agujereado; el de un Buñuel muy viejo confesando que se le habían pasado las ganas de follar y por fin podía atender a lo demás. Un generalizado, en definitiva, no follar mucho, sino con muchas.

Y ocurre que amo del todo a mi chica. Que no la quiero como quien eligió algo que quiso y todavía lo posee. La quiero tal y como me asombra cualquier árbol cuando lo miro como se merece. Como a la extrema sencillez del agua. Como a la propia salud.

Hernán Esteve lo publicará Libros de Autoengaño.

Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on TumblrEmail this to someoneShare on LinkedInShare on Google+Pin on Pinterest

Dejar una Respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.