Esteban Hernández

Renuncia y proporción

Releí Autarca. Mi último trabajo acabado y aún por editar. El libro, cuando lo compartí con muy pocos, hizo que de entre ellos un amigo me gritara en casa. No importan los detalles. Con el título compilé entre los míos una rosa de los vientos.

En lo que me suscita revisitar mi tebeo he reconocido fiel y sosegadamente por qué tras éste no habrá más de lo tan obsesivo compulsivo mío dibujando novelas gráficas. Lo anuncié hace años: El paroxismo de lo que pretendo contar en lo que dibujo, lo que señala el poema, pasa por que no importe andar dibujando. Hay un silencio que vale más que cualquier criterio y solo contemplando su timbre, en lo que acontece allá, catando esa quietud en el proyecto de ser imperturbabilidad, merece la pena dibujar o hacer cualquier otra cosa. A la contra, cualquier vanidad, enmascarada o no, es una ruidosa, hambrienta y sofisticada maltratadora.

Todavía me gusta hacer comics porque hay cosas que siento importantes y que inevitablemente no dije aún, o que, mejor y del mismo modo, no expliqué bien porque dentro no cabe dentro aunque me empeñe. Así, al igual que sólo dibujaré novelos gráficos cuando hacerlos reclame su sentido, no suicidaré lo demás.

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