Esteban Hernández

Numerótica

Todo es dinero y ni en radios culturales ni en presentaciones de todo pelaje se habla de él. El dedo acusador busca dónde clavar la uña como una paloma mostosa y como todos dibujan por necesidad, cuando exhibicionista he verbalizado que no me gusta tanto esquinazo sobre el tema, yo no gusté. A veces, cuando hablo, la flor se abre. Otras, el desierto avanza. Cuando propongo releer al dinero, las caras atienden pero puedo sentir cada cabeza retirarse todo lo que el cuello, al tensarse, da de sí.

El dinero es insoluble y no hablar de él afianza el monopolio teórico de Marx y Engels o pretexta al cuñadismo bocachancla. Vale que estamos negociando toda la vida contra nosotros mismos usándonos como moneda pero qué tal ponerle durante unos segundos el acento al dinero en su carne. En el metal de la moneda. En su roca. En su montaña. O en el papel del billete. En su árbol. En su bosque. Cosificándolo, el dinero se abstrae: Lo dinero. Y claro, ¿En qué queda el consenso inquisidor contra cualquier vivir en el mundo de la piruleta si estamos manejando lo mundano desde un código conceptual? O de otra forma, ¿si sobrentendemos permanentemente el sentido abstracto de los billetotos, qué hay del ineludible y axiomático “hay que ser realista”? ¿No es el dinero una metáfora rara?

Dinero es presupuesto, la presuposición de qué es. Y cantidades. Estadística. Especulación. Numerótica. Y ya sabías que hay mas dinero en el mundo que riquezas que lo avalen. Matematismo subnormal. Lo cuantitativo. Donde las ciencias aplicadas, las técnicas, son cálculos prácticos. Donde la tecnificación del mundo dice cuánto y no qué. Donde cualquier app útil en el móvil es un gestor de sumas. Donde la democracia es cifra y donde la cifra también decide qué es un primetime en televisión o un influencer en redes sociales. Cifras que generan más cifras, más dinero, pero como cosa: otras cifras. Donde 1, además, es un número atomizado: indivisible, individual; y 0 una metáfora de la Nada. Donde una tabla de cuentas fue el primer documento escrito de la historia de la humanidad y a partir de ella, del recuento desarrollado, tenemos escritura y literatura. Cifras. Donde nos relacionamos con el texto que construimos a partir del mundo, no con el mundo mismo. Cifras. Cábala. Donde en griego libro se dice biblia. Cifras. Donde en esta españita demócrata, en las últimas elecciones, el recuento de votos estaba en manos de políticos ubercorruptos destructores, además, de todo registro contra la posibilidad de un nuevo recuento.

Sé que el problema es la explotación, no el dinero, pero quiero pensar el dinero extemporáneamente. Ojala lo dinero y verlo por un momento deconstruido. Cien capas menos de separación son pocas. En mi caso, si me caigo en todos los pozos por mirar asombrado al cielo, tanto me asombra la carne de los mismos pozos y la del dolor de la caída.

Ocurre también que hay tres cifras patrias generales de ventas de comic: 700, 2000 y 5000 ejemplares. Cifras, cifras, cifras. Y tengo el Eros en otro sitio. Alvarez Rabo le tomó el pulso a sus lectores y dejó de dibujar. Mi agente francés, que eligió el tema del libro que acabé la semana pasada, en estos días especialmente aciagos me dio la patada a lo feo. Es decir, de normal, paciencia, pero ¿tenían razón Los Pistols cuando la Thatcher? Yo, amijos, no quiero ser un autor maldito y me chupa la polla que el comic español no tenga un mártir. Ni siquiera quiero repetir a María Colino, a Fernando de Felipe ni a Nazario. Comprad y regalad mi Hernán Esteve. Lo editó libros de autoengaño y quedó que flipas.

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