Esteban Hernández

TEXTOS

No puedo postproducir lo que digo en directo

Soy ilustrador. La mayoría de trabajos que hago como ilustrador consisten en dibujar cómics. Así pago algunas facturas. A la vez, con cierta ayuda familiar y dibujando mis propios tebeos pago el resto.

Cuando pregunté al aire en mi última entrevista en La Pinacoteca de Radio que si a un ilustrador le va mejor si gana 60.000 euros al año, no me refería a que, evidentemente, en lo económico es así. Me refería, en cuanto a juicios de valor, a cómo de UTIL es lo que cada creador hace. Al hecho de que hay libros, discos, cuadros, películas y cómics que han salvado personas, que han tenido bastante que ver con que algunos anónimos no se tiren por la ventana. Hice referencia a los likes de facebook como juicio de valor no fiable y después a aquello del dinero por lo mismo, pero soy torpe hablando y eso genera confusiones. No puedo postproducir lo que digo en directo.

Planteando mis circunstancias desde el hecho que dibujar es para mi un refugio y está vivo en sí mismo, en el sosiego mismo de dibujar, creo que 60.000 euros anuales no es un juicio de valor real de lo que significa trabajar compulsivamente y conseguir calarle a alguien. Cubierta una vida digna, austera si queréis, con una cantidad muchísimo menor o lo contrario sería lo mismo. Apenas hablo de dinero en toda la entrevista, lo hago acerca del valor del trabajo. No tiene porqué ser lo mismo.

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Sin título

Manchegón de mí, desde hace muchos años a mis amigas y a mi chica, a veces, les doy besos de abuela. De esos largos y sonoros. A mis amigos los he abrazado a menudo fuerte y afectuosamente aún habiendo quien me ha juzgado en la calle de marica, pero desde que a la modernidad tatuada -en sus barrios gentrificados y después allí a los cocainómanos- les dió por hacer lo mismo, este asunto del aprecio ha quedado para los mails. Y ni siquiera. Ahora hay quien también me llamará idiota, así que, cuando la misma caterva de autoproclamados y drogados besen como yayas a sus novias y amigas me retiro.

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PACIENCIA

Perdió la esperanza. Olvidó voluntariamente que sus asuntos podían mejorar. No atender en absoluto a los medios y largos plazos quizá enseña caminos, pensó. Confió en que decidirse acerca de que había fracasado le daría perspectiva. Extirparse algo es más misericordioso que cualquier tirón con desgarro.

Llevaba un tiempo quedándose en casa sin ganas para pagar el alquiler. Trabajaba con un programa informático de gráfica que jamás había tocado y bajo las dificultades logísticas y aquel nuevo cliente presionando con razón, le rondó por la cabeza que quizá ya hacia algunos años que se le había acabado la prórroga, el medio y el largo plazo. No era la primera vez que pensaba en ello. La psique te la juega a veces y esa noche él tuvo miedo, esa sensación -ya sabes- parecida a la ansiedad. Así, de esta guisa, con un pie en la tumba, cuando pudo aparcar un poco sus responsabilidades, escribió sobre lo mucho que se acordaba de los libros que le habían sido útiles.

Este es mi castigo y debo estar agradecido. Menudo éxito el mío. Menudo éxito que me entiendas y casi siempre esté solo y sin dinero.

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CHINASKI NUNCA LO HIZO.

Estoy dibujando, sentado en un bar, en un concierto de jazz. Cuando tengo el dibujo medio acabado los músicos deciden hacer una pausa. Revuelo. Con una mano cubro parte del dibujo a tiempo mientras lo ajusto aquí y allá con la otra. Una señora me habla.

-Qué mal dibujas.

-¿Qué?

-Que qué mal dibujas ¿no?

Balbuceo en respuesta.

-Es broma. Está muy bien. ¿Eres extranjero?

-No.

-¿Por qué tapas el dibujo?

En silencio retiro la mano para que mire.

-Lo has dibujado demasiado delgado.

-Sí, bueno. Un poco.

Mi sonrisa es, a la vez, mueca. Encías.

Se va y me quedo solo, triste.

Muy triste.

Ya sabes.

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Un texto reciclado.

Hola a todos.

El texto de este post lo escribí (y se publicó) en Clubcultura hace ya un tiempo. A la web le hicieron un lavado de cara -la rediseñaron- y la entrada desapareció junto a otras que hablaban del proceso de ¡Pintor!

El texto aún me gusta y he decidido publicarlo de nuevo. Entonces, lo escribí dos días antes de las pasadas votaciones generales.

La imagen para esta ocasión la sustituyo: Os pongo un fragmento de una página de la siguiente novela gráfica que ando haciendo.

Allá vá:

Hoy he hablado demasiado sobre lo miserable que puede ser cualquiera. Sobre cómo el peor sentimiento humano es endémico y sobre cómo creo que las cosas no irán a mejor a no ser que se acepte este mal individualmente: delirante, vamos. Creo que la autoconsciencia , cualquier cambio real, pasa por aprender a convivir con que la peor calaña del malo más loco está en cualquiera de nosotros si nos tocan los cojones una barbaridad y después tomáramos represalias sin que pasara nada.

Nadie se mira a sus propios ojos frente al espejo cada cierto tiempo y todo el mundo quiere mucho dinero: Combo ganador.

Pero esta no es manera de empezar ningún texto. Esto, más bien, es una abstracción que si por si fuera poco, a mi me fomenta el bajonazo.

La democracia -real o no- se construye en la esclavitud desde que Grecia la inventó.  Tan antidemocrático es que todo huela a mierda como indirectamente democrático es una niña tercermundista cosiendo Nikes. Nadie puede salvar al mundo porque el hombre es un lobo para el hombre, pero por la cuenta que me trae, ojala esto que esta pasando pueda salvar al menos a este país de tanto corrupto presentándose a alcalde. Soy ciudadano español (lo pone en mi DNI), tiendo a la izquierda, tengo mil contradicciones, vivo con ellas y además, parece que soy un raro porque tanto creo en mi libertad que la ejerzo tolerando y temiendo terriblemente a quien me la matiza. “Tu lo que quieres es que los demás vayan a reivindicar tus derechos y disfrutar después de las consecuencias” me decía ayer alguien. No. Yo lo que quiero es tener la libertad de hacer lo que yo valore conveniente, y en este caso, la libertad de no salir hoy de casa y escribir esto.

Ustedes perdonen, cuando hablaba de la autoconsciencia –e hiperconsciencia, ya que estamos- de las miserias humanas, me refería también a los cuadros de Otto Dix, a los trópicos de Henry Miller, a lo que volvió loco a Nietzsche, a los suicidas románticos, a Van Gogh dándolo todo, a Bukowski muy lúcido peleando a la contra, a eso que en estos ejemplos es muy dramático, pero que en los de muchos otros seres humanos anónimos es el motor que mueve el mundo.

Un gran “honestamente nadie sabe nada” que ha hecho que progrese el mundo. Eso de “la vida se abre paso” que está en el ser humano agotado. La épica anónima de currar como un animal aún con la intuición de que estamos en un punto en medio de la galaxia y ésta, a su vez, en medio de un “honestamente, nadie ha sabido nunca nada”.

A mi estas cosas me emocionan, no tanto que la gente se manifieste como que alguien, aún en desventaja por su propia naturaleza humana, saque uñas, dientes y luche por darle un sentido al sinsentido hasta que se muere. Bravo, joder. Viva. Más individuo y menos masa.

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