Esteban Hernández

TEXTOS

Un texto reciclado.

Hola a todos.

El texto de este post lo escribí (y se publicó) en Clubcultura hace ya un tiempo. A la web le hicieron un lavado de cara -la rediseñaron- y la entrada desapareció junto a otras que hablaban del proceso de ¡Pintor!

El texto aún me gusta y he decidido publicarlo de nuevo. Entonces, lo escribí dos días antes de las pasadas votaciones generales.

La imagen para esta ocasión la sustituyo: Os pongo un fragmento de una página de la siguiente novela gráfica que ando haciendo.

Allá vá:

Hoy he hablado demasiado sobre lo miserable que puede ser cualquiera. Sobre cómo el peor sentimiento humano es endémico y sobre cómo creo que las cosas no irán a mejor a no ser que se acepte este mal individualmente: delirante, vamos. Creo que la autoconsciencia , cualquier cambio real, pasa por aprender a convivir con que la peor calaña del malo más loco está en cualquiera de nosotros si nos tocan los cojones una barbaridad y después tomáramos represalias sin que pasara nada.

Nadie se mira a sus propios ojos frente al espejo cada cierto tiempo y todo el mundo quiere mucho dinero: Combo ganador.

Pero esta no es manera de empezar ningún texto. Esto, más bien, es una abstracción que si por si fuera poco, a mi me fomenta el bajonazo.

La democracia -real o no- se construye en la esclavitud desde que Grecia la inventó.  Tan antidemocrático es que todo huela a mierda como indirectamente democrático es una niña tercermundista cosiendo Nikes. Nadie puede salvar al mundo porque el hombre es un lobo para el hombre, pero por la cuenta que me trae, ojala esto que esta pasando pueda salvar al menos a este país de tanto corrupto presentándose a alcalde. Soy ciudadano español (lo pone en mi DNI), tiendo a la izquierda, tengo mil contradicciones, vivo con ellas y además, parece que soy un raro porque tanto creo en mi libertad que la ejerzo tolerando y temiendo terriblemente a quien me la matiza. “Tu lo que quieres es que los demás vayan a reivindicar tus derechos y disfrutar después de las consecuencias” me decía ayer alguien. No. Yo lo que quiero es tener la libertad de hacer lo que yo valore conveniente, y en este caso, la libertad de no salir hoy de casa y escribir esto.

Ustedes perdonen, cuando hablaba de la autoconsciencia –e hiperconsciencia, ya que estamos- de las miserias humanas, me refería también a los cuadros de Otto Dix, a los trópicos de Henry Miller, a lo que volvió loco a Nietzsche, a los suicidas románticos, a Van Gogh dándolo todo, a Bukowski muy lúcido peleando a la contra, a eso que en estos ejemplos es muy dramático, pero que en los de muchos otros seres humanos anónimos es el motor que mueve el mundo.

Un gran “honestamente nadie sabe nada” que ha hecho que progrese el mundo. Eso de “la vida se abre paso” que está en el ser humano agotado. La épica anónima de currar como un animal aún con la intuición de que estamos en un punto en medio de la galaxia y ésta, a su vez, en medio de un “honestamente, nadie ha sabido nunca nada”.

A mi estas cosas me emocionan, no tanto que la gente se manifieste como que alguien, aún en desventaja por su propia naturaleza humana, saque uñas, dientes y luche por darle un sentido al sinsentido hasta que se muere. Bravo, joder. Viva. Más individuo y menos masa.