Esteban Hernández

TEXTOS

Psycho Killer, qu’est-ce que c’est.

Hace una semana me compré unas zapatillas. Me las puse y salí a la calle con mi chica a unos asuntos. Me rozaban y a mitad de tanto andurrear tenía en el tobillo una ampolla reventada. Así, acabamos, y volviendo medio jodido a casa, saludamos a un tipo con el que ya hacía tiempo habíamos hablado sólo en un par de ocasiones. Alguien a quien conocimos a través de amigos comunes. Aún no sé cómo se llama.

Primero nos dice que está sordo de un oído y no nos oyó el primer saludo. Le preguntamos por lo que ya sabíamos de él, por su chica y por su hijo recién nacido. Todo bien. Lo normal. Y justo al despedirnos nos dice que vayamos a su casa a mirar un nosélqué que acaba de terminar. Yo le confieso, aún sin enterarme de qué se trata, que las zapatillas me estaban matando. El tipo insiste. Le digo que mejor lo dejemos pendiente. El tipo vuelve a insistir. Mi novia, por decoro cede y se pone de su parte. El tipo, de camino me dice –o lo dice mi chica- que puede darme una tirita. Ok. Estupendo.

De camino este señor nos va contando como consiguió el chollazo de piso que ha podido comprar. Entramos en el portal. Le pregunto por cómo se las apaña para bajar y subir el carro del niño por aquella rampa tan empinada. Ocho escalones. Antes de que pueda acabar la pregunta él se está deslizando desde arriba. No pasa nada, dice.

Subimos al ascensor, pero para subir a cualquier planta necesitas llave. Qué raro tanta seguridad, comentamos. Ella y yo. Nuestro perfecto desconocido nos bromea dos veces durante un tramo de cinco o seis plantas con que va a acabar con nosotros en su casa. Nos enumera con qué va a hacerlo. Nombres de taladros o algo así.

Llegamos y nos enseña unas miniesculturas. Una serie de cuarenta o cincuenta copias iguales. A mí, amigos, las figuras de coleccionismo me dejan un poco frío pero sé valorar un modelado, así que me dispongo a ello. Cuando le exagero el buen acabado del trabajo, me explica que el modelado es digital, que se trata de produción industrial a pequeña escala y él sólo las pintó.  Le valoro los esfuerzos y pido permiso para coger una. Me dice que aunque la que elijo está seca la sujete de la base para no mancharla. Vale. Me la dá en mano. Mi pie suplica misericordia.

Hablamos un poco, yo presiono y por fin nos vamos. Nuestro amigo no me da una tirita y me empieza a llamar blando. Una, dos, tres y cuatro veces mientras nos explica que para bajar por el ascensor tiene que volver a usar la llave, que por las escaleras tampoco se puede salir así como así.

Llegué a casa y mi calcetín tenía sangre. Yo estoy bien y si os lo cuento es para que, si queréis, saquéis conclusiones.

Autopsia

Hace un par de años estuve en unas jornadas de cómic en Cuenca. Entonces estaba en trámites la edición francesa de uno de mis libros. Me invitaron allí por ciudadrealeño, por manchego. Estuvieron allí Mateo Guerrero, Sergio Bleda, José Robledo, Marcial Toledano y José Luís Munuera. Manchegos también, creo. La organización -el propio Mateo Guerrero- me trató bien, Cuenca mola, pero a lo largo de aquel día, así como síntoma de lo demás, como sabor, por ejemplo, al citar a Ware acerca del trabajo sufrido que es dibujar cómics, Guerrero me espetó un si no te gusta dibujar, no dibujes. No voy a entrar en comparaciones ahora; sólo diré Forma, Fondo y ‘Acme Novelty’. Después, en un clima enrarecido, el amigo Sergio, en una entrevista colectiva para un programa de televisión de muy medio pelo, con la coña hubo un, por ejemplo, “Empieza tú, por listo” y con lo informal, con otros detalles así me estropeé. Podéis buscarlo en Youtube. Sobre Marcial Toledano os diré que nadie jamás me ha tratado tan mal; mientras duraron las jornadas, él,  estirado y resoplón con casi cualquier cosa que con mayor o menor acierto se me ocurría decir, se comportaba como una especie de ario de instituto. Si salvo algo de aquel día son las charlas que mantuve con José Robledo, un ser humano entre tanto dibujante de aventuras francobelgas. Munuera, aunque muy distante, estuvo correcto y educado.

Destacaré el viaje de regreso a Valencia por lo cómico, por lo Ben Stiller.

Yo a veces enfatizo mucho, demasiado: mi carnosa cara se mueve sin control cuando explico algo que me emociona. A veces me arrolla. Mi cuerpo puede llegar a temblar, y claro, ya en el tren, hablando con Bleda de camino lo noté tenso; como cuando te da la chapa un cocainómano. Acosador quizá y sintiéndome como un loco, intuyéndolo, digo, lo que intentaba era aquello de lo que escribo en Clubcultura. Ojo, no de un “tengo un blog”, sino de lo que abordo allí, de lo que señala. Vale, loco, sí. Soy capaz de entenderlo porque no es fácil empatizar en estos términos con cualquiera, y además, diagnosticado y medicado desde hace años, puede que me falten tablas sociales. En fin, aunque no recuerdo aquel viaje de vuelta como algo malo, a Sergio si que lo noto más y más raro en el recuerdo, no lo supe ver entonces y aún no sé qué es. Quizá, simplemente se trate de que ni nos conocemos ni tenemos mucho que ver el uno con el otro.

En conclusión me quedó claro en qué consiste ser autor y no tener amigos en esta Españita del comic. Se me estaba enquistando lo sufrido y ésta es mi autopsia.

Saludos.

Que esto me sirva a mí

El sábado una mujer borracha me espetó que soy un moderno, que parezco marica y que por intelectual y pedante no vivía la vida tal y como lo recomendaba su abuela, referencia familiar que se lamentaba del celibato franquista. Yo le andaba regalando, generoso de mí, arrebato y patafísica. Endemia. Ella venía de la última discoteca, del ultimo no, y como un coche escoba buscaba a un tercero, que allí a sus anchas, entre nosotros, cocaína. Así, las cátedras incontestables y que las opiniones se digan entre el aplomo y la broma tienen más que ver con que uno a veces no está dónde, cuándo y con quién debería estar.

Que esto me sirva a mí.

Ceci n’est pas une pipe

Hace unas horas estaba durmiendo y en el silencio de la noche mi vecino me ha desvelado llamando subnormal varias veces a su pareja. Eran las 4:30 am y he salido de la cama. He preferido avanzar mis freelance que ponerme a leer. Después, ahora, voy a redactaros el discurso que di en la presentación del último Mister hace unos días.

Me voy a saltar del fanzine la descripción superficial. En la pasada entrada de este blog tenéis algunas imágenes de muestra. Quiero explicar, ambicioso de mí, que Mister –y con esto empiezo- trata de algo indeterminado y en consecuencia un tanto difícil de abordar.

En 1928 René Magritte pintó un cuadro titulado Ceci n’est pas une pipe en el que ésta misma frase escrita acompañaba a la representación de una pipa. De eso se trataba. No es una pipa neta, es en realidad óleo y tela. Un cuadro.

Esto también ocurre, en cierto modo, con los textos de Mister o en esto que ahora lees y te ocupa: se trata de negro sobre blanco, nunca de a lo que alude. Fantaseé con los resultados de mi discurso, pero antes de apostar por mí como ponente subrayé que el fanzine debe hablar por sí mismo y hasta de sí mismo.

A veces el fanzine señala que él solo es papel encuadernado y grapado. Celulosa y metal que como objeto diseñado, editado, vuelve a ser un Ceci n’est pas une pipe. Es decir, además de que al interior del título las frases en castellano apelan a una idea, o que las líneas de los dibujos hacen ver rostros humanos y paisajes, el objeto diseñado de tal manera, Mister, también está sometido a un cifrado estético y se hace mirar como objeto y como código traducido.

Esto como ejercicio se puede convertir en juego –que no payasada- y llevándolo al absoluto ser práctica y ruta de lo lírico y lo metafísico. Esto es, en la práctica sobre cualquier cosa a nuestro alrededor, repetir muchas veces la palabra que nomina algo y tras vaciarla así mirar el objeto de nuevo como abstracto. También, mirar y enfocar algo lo suficientemente cerca como para buscar lo fractal en su textura o, de otro modo, observar cualquier cosa el tiempo suficiente, buscarle, por ejemplo, la geometría en su estructura general, así desaprenderlo y percibirlo en su volumen original.

Subrayo Mister como fanzine y cualquier tebeo como libro. Del mismo modo, cualquier bandera como tela y cualquier gadget tecnológico como electrodoméstico. Así, cualquier cosa sin lo que sabemos de ella es objeto, estos objetos, a su vez, volumen, y cualquier volumen, voluptuosidad: Un abstracto perceptible y emocionante.

Quiero ampliar aquí, en este texto, que el diseño industrial es inherente a los objetos. Que un coche nunca ha sido un volumen crudo y del mismo modo, una cuchara, un ordenador, una tabla de madera, un edificio o un semáforo son volúmenes con la estética que les corresponde. Sin ella sólo son abstracciones ocupando espacio a nuestro alrededor. Quizá nuestras plantas, nuestros animales de compañía o nosotros mismos somos objetos orgánicos diseñados en cuanto a lo fractal.

Me gusta pensar que este diseño orgánico de repetición en el que existimos y el diseño geomérico de estructura con el que el ser humano lo construye todo se parece entre sí, pero como dicen los nuevos poetas, ésta explicación científica de diseño orgánico es una metáfora humana plausible. Además yo no soy físico o biólogo y estoy medio inventándome todo esto. Aunque, eso sí, de esto como motor, de este percibir el abstracto indeterminado sea humano, animal o cosa, van todos mis últimos comics y Mister principalmente en los textos.

Por último, expliqué allí y repito aquí que la naturaleza de esto no es la palabra o la imagen. Nunca lo ha sido. Y aún afirmando saber que no se trata de eso y por eliminación saber algo, defiendo mi completa ignorancia. Tengo claro, sobre todo, que no es sublime, es evidente, y que hay más poesía en describir de buen humor que en escribir poesía.

Saludos.

No puedo postproducir lo que digo en directo

Soy ilustrador. La mayoría de trabajos que hago como ilustrador consisten en dibujar cómics. Así pago algunas facturas. A la vez, con cierta ayuda familiar y dibujando mis propios tebeos pago el resto.

Cuando pregunté al aire en mi última entrevista en La Pinacoteca de Radio que si a un ilustrador le va mejor si gana 60.000 euros al año, no me refería a que, evidentemente, en lo económico es así. Me refería, en cuanto a juicios de valor, a cómo de UTIL es lo que cada creador hace. Al hecho de que hay libros, discos, cuadros, películas y cómics que han salvado personas, que han tenido bastante que ver con que algunos anónimos no se tiren por la ventana. Hice referencia a los likes de facebook como juicio de valor no fiable y después a aquello del dinero por lo mismo, pero soy torpe hablando y eso genera confusiones. No puedo postproducir lo que digo en directo.

Planteando mis circunstancias desde el hecho que dibujar es para mi un refugio y está vivo en sí mismo, en el sosiego mismo de dibujar, creo que 60.000 euros anuales no es un juicio de valor real de lo que significa trabajar compulsivamente y conseguir calarle a alguien. Cubierta una vida digna, austera si queréis, con una cantidad muchísimo menor o lo contrario sería lo mismo. Apenas hablo de dinero en toda la entrevista, lo hago acerca del valor del trabajo. No tiene porqué ser lo mismo.

Sin título

Manchegón de mí, desde hace muchos años a mis amigas y a mi chica, a veces, les doy besos de abuela. De esos largos y sonoros. A mis amigos los he abrazado a menudo fuerte y afectuosamente aún habiendo quien me ha juzgado en la calle de marica, pero desde que a la modernidad tatuada -en sus barrios gentrificados y después allí a los cocainómanos- les dió por hacer lo mismo, este asunto del aprecio ha quedado para los mails. Y ni siquiera. Ahora hay quien también me llamará idiota, así que, cuando la misma caterva de autoproclamados y drogados besen como yayas a sus novias y amigas me retiro.

PACIENCIA

Perdió la esperanza. Olvidó voluntariamente que sus asuntos podían mejorar. No atender en absoluto a los medios y largos plazos quizá enseña caminos, pensó. Confió en que decidirse acerca de que había fracasado le daría perspectiva. Extirparse algo es más misericordioso que cualquier tirón con desgarro.

Llevaba un tiempo quedándose en casa sin ganas para pagar el alquiler. Trabajaba con un programa informático de gráfica que jamás había tocado y bajo las dificultades logísticas y aquel nuevo cliente presionando con razón, le rondó por la cabeza que quizá ya hacia algunos años que se le había acabado la prórroga, el medio y el largo plazo. No era la primera vez que pensaba en ello. La psique te la juega a veces y esa noche él tuvo miedo, esa sensación -ya sabes- parecida a la ansiedad. Así, de esta guisa, con un pie en la tumba, cuando pudo aparcar un poco sus responsabilidades, escribió sobre lo mucho que se acordaba de los libros que le habían sido útiles.

Este es mi castigo y debo estar agradecido. Menudo éxito el mío. Menudo éxito que me entiendas y casi siempre esté solo y sin dinero.

CHINASKI NUNCA LO HIZO.

Estoy dibujando, sentado en un bar, en un concierto de jazz. Cuando tengo el dibujo medio acabado los músicos deciden hacer una pausa. Revuelo. Con una mano cubro parte del dibujo a tiempo mientras lo ajusto aquí y allá con la otra. Una señora me habla.

-Qué mal dibujas.

-¿Qué?

-Que qué mal dibujas ¿no?

Balbuceo en respuesta.

-Es broma. Está muy bien. ¿Eres extranjero?

-No.

-¿Por qué tapas el dibujo?

En silencio retiro la mano para que mire.

-Lo has dibujado demasiado delgado.

-Sí, bueno. Un poco.

Mi sonrisa es, a la vez, mueca. Encías.

Se va y me quedo solo, triste.

Muy triste.

Ya sabes.