Esteban Hernández

Entradas Por :

esteban

Usted #9

Fanzine de historietas · Esteban Hernández · 15 x 21 cm · 64 páginas · Sugoi ediciones

      

Diecinueve títulos

Todo es vanidad, dice el Eclesiastés. Donde vanidad es la exacerbación del egotismo y a la vez lo vano, lo hueco. El texto bíblico enumera que el esfuerzo, la honra, cualquier tipo de éxito atravesado de cifra, de comunidad, o bien la virtud o cualquier pecado, es en vano. En ambos sentidos: una autoafirmación más o menos camuflada y una cáscara que se lleva el viento. Que, como mucho, a lo único que puede disponerse cada cual es a intentar pasarla bien sin que eso haga de la experiencia una fiesta, porque si todo refrán ordena, El hombre propone y Dios dispone. Sólo depende de la suerte, de algo así, que uno disfrute, y si te pilla distraído ni eso. Así, desde mi propio recorrido, lo suscribo.

He computado desde la extrema admiración por mi encontrada comunidad entre ágrafos, en la familia de Pessoas, Sócrates y desde el relato del Cristo que no escribió sus tropelías, la cantidad de doce títulos (entre novelas gráficas, cassettes, nuevos números de Mister, Usted y etcéteras) acabados e inéditos además de otro novelo gráfico en proceso, más los seis ya publicados de cuyos derechos dispongo por vencimiento de contrato, muerte de editor o bancarrota editorial. Podría decir sumándolo todo y exagerando sin llanto ni soberbia que tengo casi diecinueve trabajos listos para su publicación.

Pese a los buenos hábitos, desde el pasado dos mil catorce mi empeño ha ido minando mis psicologías. Desde entonces estoy peleando publicar fuera del país y este mes hace un año que en silencio pero firme claudiqué de los tebeos; de lo que me retracté al poco por una carambola que aún no hizo carne. Por lo demás, “no money, no honey” y de momento no autoeditaré.

Así, la imagen que utilizo para la espera, para la providencia, para con lo que vaya a ser de lo mío, es la del preso que en su celda hace flexiones y abdominales. Un estar en forma para cuando toque, porque, es bueno recordarlo, hay una línea infranqueable para la voluntad que porcentualmente deja a la vida proyectada un margen ridículo de maniobra. Poco se puede hacer con la fuerza del trabajo o mal rezando.

En estas, le dije a los míos borracho de Juan de la Cruz: «Algo quiere la vida de mí que no me da lo que más anhelo.» Y desde mi último no saber qué hacer, quebrado, decidí meridiano mi entrega absoluta e incondicional. Porque si la Nada se regala existencia a cada contracción del corazón, de los pulmones, o después de cada pestañeo, mejor soltarme de lo que le pido en favor de lo que ella decida para mí por sí misma. Pruebas y experiencias tengo de su don, de sobra, como para confiar.

Mientras dibujo

Estoy intentando concentrarme, mientras dibujo, en el hecho de dibujar, y así evitar las distracciones a las que el cauce de mi pensamiento me lleva. Poner el foco en cómo respiro, en el tacto del lápiz. En silencio y en tramos de pocos minutos. Hay algo que me ayuda a ello, hoy, en especial, porque hay mucho en el acto de dibujar que tiene que ver con lo que me he contado que es dibujar y no con dibujar en sí mismo. Ese algo es hacerlo despacio. Forzar el gesto así lo suficiente. Tenéis que probarlo. El proyecto es dibujar desde y en el amor desinteresado. Que dibujar sea sosiego, que dibujar sea contemplación cristiana, meditación budista, habitar poético y un porque sí. Y no esquinaré el dinero. Ya vendrá si viene. Pobreza y santidad casan. El éxito es otra cosa. Además, no creo en la metáfora de la lucha de clases. No creo en el Edén comunista en la tierra ni en el orden del libre comercio que tenemos instalado, que atravesó la línea de no retorno antes de que yo naciera y ha envenenado el agua y el planeta. Yo creo en la llaga. Creo en Dios, sin Dios ni intermediarios, como metáfora de la Nada. La Nada preñada de mí dibujando cuando dibujar y yo coincidimos. Advertir su generosidad cuando ocurre. Ser testigo y notario.