Esteban Hernández

Esteban Hernández

Cómic e Ilustración

Para quien no esté distraído

No debería haber compañero que te maltrate a gusto bajo el pretexto del Yo soy así. No debería. Huye. No debería haber colega que deje morir sobrias intensidades. No debería haber personas quienes entre sí, a una pregunta capital bajo el peso de la inseguridad, se expliquen lo adverso del mundo. Un amigo es un amigo y los amigos, mucho amigos: Combo tautólogo que la Trotona no supo manejar en aquel discurso. Un colega es o debería ser una lámpara que ha medio iluminado su propio camino y lúcida te explica a las claras qué ha visto. Aristóteles escribió sobre la ética de la amistad y acabó planteando fundamentos de política básica. Soy el cadáver en el camino de otros y en mi camino hay otros tantos muertos y enterrados respetuosamente. La gente entra y sale de la vida de la gente.

Sartre es colega de alguna extraña manera pero nuestra amistad no alcanza a explicar qué es esta pantalla que miro mientras escribo. Ésta que espejea, que identifica. Ésta que me deja creer que cambio algo en ella tecleando ahora, para que mañana, cuando vaya a trabajar o a hacerme una papinocha me demuestre desde sus otros usos que soy otro.

Dejando a un lado las amistades, si cualquier cosa que diga sobre mi ordenador remite a lo siguiente o se debe a lo anterior, el ordenador en sí mismo ha de ser otra cosa; multiplicadas estas remisiones al infinito cualquier explicación se diluye entre explicaciones, pero el ordenador acontece delante de mi. Es. Quizá este ordenador con el que escribo, como herramienta, se hace ser desde mi escribir. Pero en favor de su propia cosidad y contra la espiral, el ordenador debe desocultarse. Ha de ocurrir tal cual, en una menor importancia de utilidad y remisión. Ha de ocurrir en su sentido. Debe coincidir con lo que es.

Sólo necesito abrir un ordenador o entender las variables de su funcionamiento para que nuestro pre-apocalíptico e inflexible triunfo de la razón y la técnica haga y deshaga. Pero la técnica no es el único aval. Pese a que ahora escribo y leo aquí, el ordenador es cosa desde lo frontal y ha de serlo sin embutirlo en un nuevo uso que nos haga sufrir de lo mismo, de otra utilidad. Es y se reúne con quien lo deja ser y con el mundo. Es en el hecho de mostrarlo en su evidencia, incluso en lo no semántico. En lo que todavía no ha dicho de sí. En esa (pre) dicción. En su ser. En su origen. En eso que origina el sentido: Allí donde no hay distancia entre lo que miro y lo mirado, donde lo que oigo es el contacto mismo con lo oído. Justo ahí.

Negando la lógica de que mi ordenador sea el posibilitador para lo siguiente, negándole la dimensión de herramienta y sus usos, parece inútil.

Así, se trata de un escuchar a la cosa misma para que sea mundo, y nunca “en vez de”, nunca en su lugar ni contra lo que sabemos de ella, no, más bien además de su uso. Además. Y ponerse a la escucha del teclado o el ratón. Haciendo por oír, literalmente, la cosa sin golpearla. Ese silencio. El tiempo mismo. La temporalidad. Presente. Presencia. Ser. Pero, insisto y sólo soy cartero de ello, no “ser de” o “ser para”, no. Ser en sí mismo. Sin traducción. Sin por qué.

Y ciertas prácticas, éstas, sin rédito, sin dividendo. Sin reproche. Sin uso social. Éste pensamiento es acción en sí mismo y no es comunidad, no es punk, no es ghetto underground ni burgués, ni son aquellos pocos con los que estás de acuerdo. Este pensar es actuar porque deja que las cosas se digan desde sí mismas en la intimidad serena de quien decide escucharlas.

¡Bronca!

Estoy dibujando una de esas historias que remiten durante meses. Una autobiografía. Esos nudos que además latigan porque qué mal lo hiciste cuando no tocaba hacer nada o porqué, porqué, porqué, cuando tocaba hacer no hiciste cualquier cosa. Esas espirales. Este tebeo lo estoy dibujando para el Aces Weekly de David Lloyd. Una pelea y un juicio. De eso va.

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Presentación Mister #4

Tengo las uñas muy largas y cuando tecleo hago mucho ruido. También, la semana pasada, presenté el cuarto Mister en Valencia, en la librería Bartleby. Elias Taño, amigo y generoso, me hizo la cobertura allí. No todos los pases que me regaló acabaron en gol, pero me oigo y no me echo las manos a la cara. El dibujo rápido y riguroso es del Carlos Maiques.

Esteban-Hernandez Mister#4

Mister#4-por-Carlos-maiques